Hoy es el Día de la Visibilidad Intersex. Por Odette

De la pluma de Odette, querida amiga y compañera de lucha por la visibilización de la problemática que vivimos las personas intersex. Gracias a Brújula Intersexual por permitirnos compartir desde este espacio.

Brújula Intersexual

Hoy es el Día de la Visibilidad Intersex

Por Odette

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No soy buena escritora, pero quiero expresar mis algunas cosas por este día. ¿Cuál es su importancia? Y, para mí, ¿qué es la visibilidad?

Ser visible, en cierta manera, es dar a conocer al mundo que existimos personas que de cierta manera nacemos diferente a las demás, y que esto conlleva muchas dificultades en nuestras vidas.

Por un lado, algunas personas intersexuales reciben mucho acoso por el gremio médico, el cuál tiene el afán de querer corregir cuerpos por el simple hecho de haber nacido diferentes a los cuerpos binarios (los típicamente masculinos y femeninos), por tanto, muchas personas son sometidas a cirugías que dejan graves secuelas en sus cuerpos, además de ser sometidas a constante acoso médico, donde los cuerpos intersexuales de bebés, niños y niñas son expuestos en contra de su voluntad ante estudiantes de medicina, y son…

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#IntersexDay 2018: Hacer visible lo ignorado.

Texto leído durante la presentación de testimonios de personas intersex en la capacitación dada a funcionarios públicos en CONAPRED el pasado 23 de octubre de 2018.

Celebro esta ocasión que nos permite presentarles los testimonios de cuatro personas intersex, contabilizándome. Tales testimonios son el resultado de un proceso subjetivo largamente contemplado y a veces visitado una y otra vez por cada una de nosotras. La razón de esta especie de añejamiento es que, al poner en palabras la experiencia vivida, hay un ejercicio implícito de encontrarle sentido a lo que no lo tiene. Porque en verdad, ¿cuál es el sentido de la invasión sufrida a nuestros cuerpos? ¿Cómo razonar el asalto a la integridad física y el despojo de la autonomía a edades en que o bien no contábamos aún con el uso de la palabra, o bien aún teniéndola no teníamos claridad ni conciencia de las personas en las que nos habríamos de convertir, asalto justificado por una necesidad no tan clara de aliviar la ansiedad parental y ahuyentar el fantasma de la incomprensión social de cuerpos que interrogan las fronteras inciertas del sexo-género?

Hay una violencia no nombrada, no vista, que se ha realizado desde hace décadas en nombre de un conjunto de creencias, que establece que los genitales en particular, y el conjunto de las características sexuales primarias y secundarias en general, son configuraciones universales e indiscutibles, que permiten el ordenamiento social de roles basados en expectativas desiguales, y la naturalización de estos en la categoría sexo, naturalización rara vez cuestionada, así de descontada la tenemos.

Y así también, cualquier variación constituye una suerte de tabú o emergencia social que debe ser atendida, neutralizada, eliminada, tarea delegada en un modelo de medicina que ya no tiene cabida en un mundo donde cada vez resulta más claro que en la construcción de la subjetividad de cada ser humano se juega el derecho a una vida libremente elegida, en los términos que para cada uno represente el que la vida sea la que una misma elija vivir, sin coerción de la voluntad y sin ser coartadas de nuestras opciones.

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Los testimonios que aquí presentaremos en modo alguno intentan presentarnos como víctimas en tiempo presente, sino presentar la narrativa (o las narrativas) que son propias de la problemática que las personas intersex hemos enfrentado en diferentes momentos de nuestras vidas. Al relatárselas, intentamos ofrecerles un vistazo a lo que no puede ser presentado: la forma en que hemos asimilado en nuestro inconsciente los rechazos, las burlas, los prejuicios sobre nuestros cuerpos, y no menos importante, las dudas de nuestros padres y de nuestras madres, y, sobre todo, la violencia que los médicos con los que nos tocó interactuar (por decirlo de alguna forma) han perpetrado sobre cuerpos de forma irreversible. El hacer visibles nuestras experiencias de vida, reitero, no es para causar reacciones de pena o de lástima; ni siquiera realmente de solidaridad: nuestro propósito es mostrarles que somos agentes de cambio, pues hemos tomado conciencia de lo que se nos inculcó que había que callar y reprimir, y tenemos la firme voluntad de contribuir con nuestras voces a desmentir el discurso de la verdad que se ha atribuido a la ciencia médica, ciencia a la cual no miramos (o, al menos yo no la miro así) como un némesis irreconciliable, por mucho daño que nos haya causado en nuestras vidas y en nuestros entornos familiares; precisamente queremos desmentirle porque la historia nos muestra que la medicina es un vector de cambio en la sociedad, y que su influencia debe ser factor para una nueva mirada de los cuerpos de las personas intersex, libre de patologización, y expresión de la variabilidad humana mediante la cual es posible, en suma, vivir una vida plena.

Visibilidad intersex

En el tiempo que llevo trabajando en la promoción de los derechos de las personas intersex, hay un tema que genera controversia, en mi opinión sin razón para que así fuera. Si lo abordo en esta ocasión, es porque reconozco que hace falta aclararlo: hablo acerca de la visibilidad del activismo intersex. Para ello, me valdré de tres anécdotas.

La primera es referida, dos personas intersex y una aliada de la comunidad que participaron en un evento público fueron interpeladas por una persona de la comunidad LGBT. Esta persona expresó su desacuerdo con que la comunidad intersex no fuera tan abierta, que no fuera visible. Que cómo esperábamos que las personas simpatizaran con nosotrxs si no éramos públicxs. La segunda ocasión que surgió el tema fue en medio de una reunión con activistas de otros países. Una de las personas manifestó su desacuerdo con que algunxs optáramos por un perfil más bajo, por emplear seudónimos en vez de nuestros nombres legales, y dijo que con ello solo promovíamos el temor y el estigma. La tercera ocasión fue hace poco, en un evento donde intervine públicamente. Un aliado de la comunidad me felicitó por haberme decidido a participar, a ser más visible. Entendí que lo decía como un cumplido, pero hubo un eco en mi interior que me hizo cuestionar el significado de la palabra visibilidad en el contexto del activismo por los derechos de las personas intersex.

El común denominador de estas tres anécdotas no salta a la vista si antes no se entiende lo tremendamente difícil que es para una persona asumir la historia propia con una voluntad política, es decir, con el deseo de promover un cambio, de marcar una diferencia, de generar una reacción que lleve a una transformación del estado de las cosas como son. Esto es especialmente cierto para las personas intersex. En este sentido, confieso que hace años miraba a los activistas de cualquier tema con cierto desdén. Como muchas de las personas que viven absortas en el trajín cotidiano y en la creencia de la existencia de jerarquías morales dadas por el quehacer, la formación y la profesión, yo me situaba desde una posición falsa de superioridad moral y pensaba: “¿Por qué no se encuentran un trabajo real?” ¿Cómo fue que una persona que pensaba de esa forma mudó su ocupación hacia aquello que tenía en tan baja estima? Como casi cualquier transformación real, provino de una convicción profunda, y para que sea profunda, debe ser personal. Descubrir mi historia personal me hizo darme cuenta de muchas cosas que estaban mal, no a causa de una maquiavélica disposición de un grupo de especialistas médicos del IMSS a comienzos de los años ’80s, ni por el bienintencionado despropósito de mis padres al acceder a seguir el consejo de las eminencias médicas, sino porque socialmente existen montones de condicionantes sociales y culturales que avalan y dan por bueno ese pensar y ese obrar tan hondamente violento. Condicionantes muchas de las cuales solo estoy consciente porque son las que más cercanamente me han tocado, a mí y a mi familia, pero que también estoy consciente que hay muchísimas otras que existen y ocurren, aunque yo no las haya vivido en mi propia experiencia de vida. Lupita Chávez, en su propio testimonio de vida, dice: “no ofrezco mi testimonio para victimizarme sino para ayudar a más personas que nacieron con esta condición”. Hace solo unos días, una amiga me dijo que quería hacer algo para ayudar, y yo le ofrecí la misma solución que funcionó para mi, y que ha funcionado para muchxs: escribir su propio testimonio de vida. Porque al escribir la propia historia, unx se reencuentra a si mismx, y valoriza aquello que sirve para aprender y aquello que hay que dejar ir, y permite también determinar lo que se quiere hacer en adelante. En el caso de Lupita, como en el mío y en el de muchas personas, el testimonio no es para inducir a la compasión mal comprendida, aquella que supone que poner atención a historias como las nuestras les ayudan a ser mejores seres humanos o a ser una sociedad con mayor empatía, como si por obra de un artilugio alquímico nuestra conciencia se limpiara y nuestras omisiones nos fuesen eximidas; no, el testimonio sirve para generar conciencia de lo que como seres humanos estamos ignorando, a veces deliberadamente, y cuestionar nuestras bases tan inconscientemente asimiladas. En este momento, recuerdo a una persona que, tras un evento donde di mi testimonio, se me acercó como si quisiera consolarme (en verdad, aquella vez me puse muy emotiva al hablar ante el público). No necesitaba consuelo; necesitaba reconocimiento, y no hacia mi persona, sino hacia las realidades que siguen sucediendo como sucedió en mi caso. Imagino que aquella persona no sabía de qué otra forma reaccionar ante una situación que hasta ese día había desconocido. Quizás sea esa la primera e inevitable reacción de algunas personas que piensan que pueden ayudar, aunque no sepan cómo. Como quienes ven a una persona convulsionarse en un episodio epiléptico, ansiosos sin saber cómo actuar, hasta que alguna persona interviene de forma eficaz, o hasta que son educados al respecto.

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Espectro visible de luz, fotografía de Hadley Paul Garland (bajo licencia de Creative Commons). Hay mucho más en la luz que los colores que nos revela. “Lo esencial es invisible para los ojos” -. Antoine de Saint-Exupéry

No creo que ser visible signifique presentarse en foros públicos y desnudar el alma (o el cuerpo) sin motivo. No creo que ser visible se traduzca directamente en manifestarse en una plaza pública, o en hacer una caminata, trote, rodada o marcha. Aunque entiendo muy bien que para algunas personas, esas sean formas poderosas de ser visibles, la visibilidad no puede, no debe exigir de ninguna forma como requisito indispensable la presencia de un cuerpo y de un rostro, de un nombre, de una figura pública; debería, en cambio, exigir una mayor atención a la voces, a las demandas, al pensamiento crítico, a las diversas formas de manifestación de nuestra existencia como el arte y la literatura hechos por personas intersex, más que a un cuerpo o a un rostro o a un nombre. La visibilidad que me interesa es la del tema intersex como tal. Recuerdo un comentario que escuché una vez de un aliado, a la pregunta de una asistente a un evento que dimos hace unos meses, que resume a la perfección lo que para mi (y para todo aliado de nuestra lucha) debería significar la visibilidad intersex: aquella vez, alguien preguntó por Laura Inter. —¿Tú sabes si Laura Inter está aquí?—, preguntó aquella persona, y el aliado, con toda templanza, replicó: —Si Laura Inter está aquí, ella vendrá a ti —. Y es verdad: si una persona intersex quiere hacerse presente o pública en un foro dado, lo hará, en sus tiempos, en sus términos. No se puede pedir otra cosa de nadie, en realidad. Aquella persona de la comunidad LGBT que interpeló a lxs participantes del foro estaba parcialmente equivocada en dar por sentado que la única forma de lograr avances era siendo públicos. Parcialmente, porque no le veo sentido ser públicamente intersex solo para saciar la curiosidad de quienes quieren saber cómo es una persona intersex, pero sí que hay que saber elegir los foros y los momentos en los cuales nombrarse intersex, especialmente cuando la oportunidad se presenta de propiciar un cambio, de generar conciencia. Está también el tema de la inseguridad a la que se enfrentan las personas que se dedican a cualquier forma de activismo, circunstancias tales que exigen una forma inteligente de actuar sin con ello acallarse, sin con ello someterse nuevamente al yugo del estigma social. Las personas que nos criticaban a los que elegíamos un perfil bajo en aquella reunión ciertamente provenían de un entorno más seguro que México, de un país de la esfera occidental donde se puede dar la cara como persona intersex pues el riesgo a asumir es menor. No se trata de agachar la cabeza en derrota, sino de ser conscientes de que no necesitamos mártires, sino agentes de cambio que impulsen una transición social, sin violencia, sin muertes. Mi interés es cuestionar, es revolucionar las mentes de las personas, es plantearles preguntas que eventualmente le haga salir por si mismas de ese sopor que tan bien conozco. Mi interés, en fin, no es ser corifeo de ninguna cruzada, sino voz que se sume a la cuestión crítica de una era que tiene que deshacerse de sus prejuicios y asumir la diversidad más amplia de la naturaleza humana.

I ≠ T (intersex no es igual que trans)

A Laura Inter, compañera de muchas batallas.

Intersex no es igual que trans.

Intersex no es igual que transgénero.

Intersex no es igual que transexual.

Intersex es acerca de un cuerpo que nace con variaciones de las características sexuales.

Las cosas como son.

Es un tema que se me hace cansino abordar, pero tengo que hacerlo, porque muy pocas personas lo harán. ¿Por qué? Porque, para comenzar, muchas personas siguen desconociendo el término intersex. Muy pocas personas entienden en qué consiste ser intersex o tener un cuerpo intersex. Pero todos suponen, todos tienen una fantasía. Todos tienen una opinión. Aparentemente, eso es suficiente para abrogarse el derecho de llamarte intersex.

Como si la intersexualidad fuese un tema de identidad autopercibida en discordancia con el sexo asignado al nacer; no lo es.

Entiendo por qué muchas personas (personas trans incluidas) pueden pensar eso. Después de todo, muchas personas intersex fueron forzadas a una identidad de género junto con intervenciones médicas de normalización genital y corporal. Algunas personas intersex también son trans, pero no a causa de las cirugías, sino a causa de la discordancia del sexo de asignación al nacer respecto a su identidad y/o expresiones de género. Lamentablemente, muchas personas trans encuentran consolador o útil para si mismas el identificarse como intersex (aunque no lo sean) en algún momento de su proceso íntimo de conciliar su identidad respecto a la asignación de sexo en su infancia. El problema, pues, es que confunden la violencia médica de quienes hemos sido intervenid*s quirúrgicamente y forzados a depender de una terapia de remplazo hormonal en nuestra infancia y adolescencia con la imposición social de un sexo al nacer. Confunden el estigma que tuvimos que vivir las personas intersex en nuestros años formativos (y que muchos siguen viviendo en la edad adulta, incluso en una época en apariencia tan liberal como esta) con el rechazo que esta misma sociedad les sigue mostrando.

Reconozco el sentimiento de empatía que puede manifestarse y la manera en que pueden sentirse relacionadas e identificadas con la experiencia intersex, pero no es lo mismo que haber vivido la violencia tan desgarradora en lo íntimo que implica la mutilación y la conformación artificial impuestas sobre el propio cuerpo. No hay nada glamuroso ni reivindicativo de la identidad en haber sido sujeto de semejantes agresiones, a una edad tan temprana que un* no tiene la menor oportunidad de defenderse, de opinar, de negarse o de consentir con libertad, con conocimiento, con información.

Asumirse como intersex sin serlo, solo porque existe un código implícito entre las personas intersex de no indagar demasiado acerca de nuestros diagnósticos al nacer y de nuestras experiencias personales —a menos esto sea compartido en el contexto de un espacio terapéutico, de apoyo entre pares, de empoderamiento personal y lucha política—, me parece no solo una falta de respeto a la batalla que día a día sostenemos las personas intersex para apoderarnos nuevamente de nuestros cuerpos y de nuestras vidas, sino una forma grosera de menospreciar las violaciones a nuestros derechos y reduciéndola en no pocas ocasiones a un tema de identidad de género, y tornando el sentido del movimiento intersex al del simple reconocimiento de identidades de género que nos permitan “orgullosamente identificarnos como intersex”, mientras que cada semana cientos de niños siguen siendo mutilados, en la fría ignominia de los quirófanos validada por la sociedad .

Peggy Cadet y Marc Feldman han apuntado ya esto en su artículo de 2012, “Pretense of a Paradox: Factitious Intersex Conditions on the Internet” (International Journal of Sexual Health, 24(2): 91-96). Durante una observación de 15 años en diversos grupos de apoyo de personas intersex, pudieron apreciar el hecho de que hay muchas personas trans que se presentan como intersex, elaborando a menudo condiciones muy raras —cuando no ficticias o imposibles— para así justificar su presencia. Esta es una situación perceptible también en el activismo, como Daniela Truffer (quien cita a Cadet y Feldman) lo ha señalado en su comentario sobre dicho artículo:

[La existencia de] personas trans que dicen ser intersex para su confort y beneficio personal, y el daño que infligen, tanto en el corto como en el largo plazo, a grupos de apoyo de personas intersex y al movimiento intersex de derechos humanos, es un problema doloroso y que tiene mucho tiempo, a menudo ignorado o trivializado también por algunas personas intersex y sus organizaciones (en mi experiencia, generalmente por aquellos que no fueron sometidos a la mutilación genital en su infancia).

Trans persons posing as intersex (and the damage they do to intersex rights) <http://stop.genitalmutilation.org/post/Intersex-Posers> [Fecha de consulta: 26 de marzo de 2018]

Traducción libre; existe una traducción completa del artículo hecha por Laura Inter, publicada como Personas trans aparentando ser intersexuales (y el daño que hacen a los derechos intersexuales), disponible en Brújula Intersexual.

El daño real, siguiendo la idea de los autores, se produce cuando las participaciones de personas trans que no nacieron con cuerpos intersex pero que fingen serlo o se basan en sus propias interpretaciones de lo que es la intersexualidad, se integran a publicaciones, documentales y otro tipo de productos culturales. Pero todavía más allá: cuando las personas intersex buscan apoyo en estos grupos, y se encuentran con personas trans fingiendo ser algo que no son, solo porque se siente bien para ellas, terminan sintiéndose alienadas y se alejan nuevamente; y en el caso del movimiento intersex, esto puede desalentar a algunos activistas, viendo cómo sus reclamos se diluyen ante los objetivos políticos de quienes emplean la intersexualidad para sus propios fines.

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Compartiendo una experiencia personal, debo admitir que este ha sido mi caso: en varias ocasiones he contemplado alejarme de la labor de divulgación y visibilización de la intersexualidad y de los derechos de las personas intersex, debido a cómo algunas personas trans secuestran el tema, a veces ya sin importar si se autonombran intersex o no; o, peor aún, algunos “aliados” que les dan más credibilidad y espacio a estas personas, solo porque son “visibles”, en la creencia de que la visibilidad es igual a mostrar el rostro y hacerse presente en todos los foros públicos LGBT.

A menudo he reflexionado sobre la pertinencia de que el movimiento intersex marque una distancia del colectivo LGBT+, aunque entiendo el por qué much*s aliad*s insisten en que debemos permanecer unid*s, por un tema de estrategia. Sin embargo, mi reflexión tampoco es original (la opinión de Daniela Truffer es ejemplo de ello). Nuestro vínculo con lo LGBT+ está más dado por una trayectoria histórica del movimiento intersex surgido durante los años 90s en los EE.UU. que por otra cosa. Entiendo que muchas personas intersex se identifiquen con identidades queer que correspondan mejor a su autopercepción, pero eso no equipara intersex con queer. En la encuesta realizada a personas intersex en Australia, publicada en 2016, un 48% de las personas intersex reporta que su orientación sexual es heterosexual; pero eso tampoco equipara intersex con heterosexualidad. Desde la capacidad de pensamiento intelectual del movimiento intersex, tenemos que plantear seria y críticamente lo LGBT en nuestra comunidad como una interseccionalidad más, es decir, situar horizontalmente la identidad y expresión de género y la orientación sexual a la par de otras categorías, como lo son, por ejemplo, la edad, la clase, la nacionalidad y el origen étnico; reconocer, así, que el aspecto común que vincula a las personas intersex son sus variaciones de las características sexuales al nacer, así como las experiencias personales derivadas del estigma que pueden traducirse en rechazo, discriminación y, muchas veces, violencia médica instrumentada a partir de las intervenciones médicas no consentidas. Y, en este sentido, reformular nuestra participación en el movimiento LGBT+, conformando alianzas basadas en el mutuo respeto y reconocimiento, pero emprendiendo, por fin, una denuncia y una lucha independientes, basada en los reclamos a la violencia médica que afecta y marca la vida futura de niños, niñas y adolescentes (lo que, irónicamente, busca prevenir), y educando a la sociedad sobre lo que realmente es la intersexualidad.

Me gustaría invitar a las personas intersex que también son trans, a remarcar el daño que causa la presencia de personas trans que fingen ser intersex en las comunidades y grupos intersex, especialmente en la generación de vínculos de confianza. No se trata de si se sienten cómodas con la idea de ser intersex, como un mecanismo de defensa o una justificación mental de que por eso son trans: se trata de respetar la experiencia de vida de las personas intersex, y de reconocer el verdadero objetivo del movimiento: nuestros derechos humanos.

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Han pasado ya más de dos semanas desde que concluyó la Primera Conferencia Latinoamericana y del Caribe de Personas Intersex en San José, Costa Rica. He esperado un tiempo antes de escribir al respecto, en parte porque he querido que todas las experiencias, las ideas y las emociones que surgieron durante las sesiones de trabajo de esos tres inolvidables días ocupen su lugar y su valor en mi memoria. Todavía me parece increíble que haya sucedido ese encuentro, que catorce personas de distintos países y orígenes hayamos convergido en un mismo lugar y espacio, en el centro de nuestra América, la América de la vocación por la diversidad, la América donde se gestan movimientos que claman por un mundo distinto, donde haya equidad, justicia social, memoria del pasado, respeto a los derechos humanos, entre tantas otras deudas que venimos acarreando…

Más allá de los resultados y de los acuerdos, más allá de los esfuerzos comunes que se tienen que articular de aquí en adelante para fortalecer y hacer más visible el movimiento intersex de la región, me parece necesario destacar la palpable existencia de una riqueza humana que aún está por manifestarse en el mundo. La procedencia cultural, lingüística, política y corporal de cada persona, por necesidad tenía que aportar algo diferente, algo único, al espacio común en que coincidimos. Más que homogeneizar una perspectiva de acciones y de estrategias colectivas, en la Conferencia pronto se hizo patente que el enfoque del activismo intersex de la región de América Latina y el Caribe no puede menos que reconocer la historia de nuestros pueblos, y explorar las posibilidades invisibilizadas y desplazadas por los discursos dominantes de otras regiones y de otros ámbitos (por ejemplo, el ámbito médico occidental).

Por otro lado, fue una excelente oportunidad de reconocer la potencia que tienen las expresiones alternativas de las personas que forman parte de nuestra “pequeña” comunidad.

En verdad, la comunidad de personas intersex y nacidas con variaciones de las características sexuales de esta tierra que denominamos como América Latina y el Caribe, tiene muchísimo para aportar al movimiento intersex global, mediante la creación cultural, la acción social, la intervención artística y la propuesta académica. Tales expresiones están llamadas a irrumpir en el mainstream dominante de ideas y concepciones del ser humano, a sensibilizar a una sociedad indiferente, cuando no desconocedora, de la problemática que vivimos; y a reforzar la lucha por el pleno reconocimiento de nuestra categoría de seres humanos y respeto de nuestros derechos desde el momento de nacer y durante nuestra infancia y adolescencia, que es el periodo en que somos más vulnerables a los prejuicios y a la normalización de nuestras características sexuales (una vindicación urgente y que sigue pendiente de aterrizar en los planos que sean necesarios: normativos, jurídicos, judiciales).

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Guaría en gestación, arte callejero. San José, Costa Rica, 3 de marzo de 2018.

 

Es claro que hace falta mucho trabajo para concretar en hechos y resultados los acuerdos y propósitos surgidos de este primer encuentro, mismos que se harán públicos próximamente. Pero me parece imperativo señalar la necesidad que ha surgido a partir de esta primera conferencia (posibilitada gracias a los auspicios del Intersex Human Rights Fund) de dar espacio a las voces de la región, con toda su pujanza y su creatividad, pero también de fortalecer el sentimiento de comunidad de sur a norte y de norte a sur, alineando los corazones de todas las personas intersex y nacidas con variaciones de las características sexuales, oriundas de este hemisferio, para construir una visión del mundo que nos oriente en el camino, una utopía que, retomando las palabras del cineasta Fernando Birri, nos permita fijar la mirada en un horizonte posible, y caminar hacia ella, porque para eso son justamente las utopías: para caminar.

2º Foro Inter Visibilidad en la CDHDF

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Crédito de las fotos: Laura Inter.

El pasado 8 de noviembre, en el marco del Día de la Solidaridad Intersex, que conmemora el nacimiento de una de las personas intersex más célebres, Herculine Barbin, unimos esfuerzos Brújula Intersexual de Laura Inter y Proyecto Intersexual de Adiós al futuro, y gracias a la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF) que nos abrió sus puertas, llevamos a cabo el 2º Foro Inter Visibilidad: Visibilidad Intersex.

 

El programa de actividades contempló también la lectura del texto de Laura Inter sobre La intersexualidad en México y el trabajo de Brújula Intersexual, proyecto que celebraba también con su participación su 4º aniversario de existencia, haciendo visible la intersexualidad y sus aspectos, así educando y sensibilizando a la sociedad sobre la problemática que enfrentan las personas intersex.

También se reprodujo el testimonio de voz de Lupita Chávez, persona intersex mexicana, quien ha participado en otros espacios dando asesorías a instituciones de salud y gubernamentales (Lupita también ha escrito una serie de relatos cortos de corte autobiográfico, que pueden leerse en Brújula Intersexual). El testimonio de voz fue presentado de forma inédita, y se tuvo la oportunidad de interactuar a través de una llamada por vídeo con ella, en la que presentó su expediente clínico y habló brevemente sobre la presión que vivió por parte los médicos para someterse voluntariamente a las cirugías por las que atravesó, y dio respuesta a una pregunta del auditorio acerca de cómo llevar una vida libre de resentimientos hacia las personas que la indujeron a las cirugías.

 

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Posteriormente se proyectó el cortometraje animado Fragmentos, de Adiós al futuro, una pieza que forma parte del Proyecto Intersexual, que desde un lenguaje artístico y multimedia lleva al espectador a situarse en un diálogo dinámico, que le traslada a un lugar mental y emocional donde es difícil racionalizar y justificar los criterios sociales, y en el cual las preguntas y los cuestionamientos tienen un origen más empático, desde la experiencia vivida y sentida.

El evento concluyó con una ponencia de Hana Aoi sobre La intersexualidad, desde los derechos humanos, en la cual se abordó un breve repaso de la historia del activismo intersex y la reivindicación de los derechos humanos de las personas intersex, así como los problemas fundamentales que enfrentan a causa de la vulneración de tales derechos y de la incomprensión de la sociedad sobre este aspecto; también se revisaron los principales avances en el reconocimiento de los derechos humanos a nivel global y en el contexto regional y nacional, y el largo camino por recorrer en la materialización de leyes que efectivamente garanticen y defiendan estos derechos.

Fue de destacarse la intervención artística de Adiós al futuro con extractos de El libro intersexual que se montaron en el lobby del auditorio y que pudieron ser apreciados por los asistentes antes del inicio del evento.

 

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Desde este espacio, agradecemos el apoyo de las autoridades de la CDHDF, de su presidenta, Dra. Nashieli Ramírez, quien facilitó la realización del evento, y muy especialmente del Dr. Francisco Javier Conde, director ejecutivo del Centro de Investigación Aplicada en Derechos Humanos de este organismo, con quien mantuvimos comunicación constante para coordinar los esfuerzos llevados a cabo al interior de la Comisión, y asegurar el éxito del foro. También agradecemos la compañía y presentación de la Dra. Eva Alcántara, aliada incondicional del movimiento intersex en México.

La intersexualidad no es un argumento para la identidad de género: una denuncia.

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Las banderas intersex. Crédito: Inge Toft Thapprakhon (Intersex Danmark)

Hace unos meses publiqué “La bandera de otros, o de cómo hacen falta más voces e historias intersex”, texto en el que hacía mención de ciertos “aliados” que entorpecen y perjudican la lucha del movimiento intersex por reivindicar los derechos de las personas nacidas con variaciones en sus características sexuales (especialmente los de niños, niñas y adolescentes, por mucho el grupo más vulnerable y cuya problemática es la menos entendida). Dichos individuos a menudo usan el aspecto de la diversidad biológica en los marcadores sexuales de las personas intersex solamente para argumentar a favor de cómo el género no está relacionado con un sexo biológico que ni siquiera es unívoco en su definición. Hoy vuelvo a abordar el tema, porque me resulta preocupante el protagonismo creciente de ciertos activistas, defensores de los derechos humanos, médicos y profesionales de la sexología, que se presentan como “expertos” en foros donde se habla de la intersexualidad, pero que no comprenden la temática intersex, y que respaldan su “experiencia” con una trayectoria profesional y académica en torno al tema de la identidad de género. Sigue leyendo “La intersexualidad no es un argumento para la identidad de género: una denuncia.”