Entrevista en Factor XY con Héctor Salinas (RadioUACM, Ciudad de México)

El pasado jueves 6 de septiembre de 2018 acudimos a las instalaciones de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México para charlar sobre intersexualidad con Héctor Salinas, catedrático de dicha institución y conductor del programa FactorXY. En la entrevista nos acompañó Eva Alcántara, académica de la Universidad Autónoma Metropolitana y aliada por largo tiempo de la comunidad intersex en México. Abordamos diversos temas, desde los más socorridos como la asunción de la intersexualidad como identidad política, sin faltar el importantísimo tema de los derechos humanos de las personas intersex y la necesidad de reconocer el derecho a la autonomía corporal. Está bueno, escúchenlo.

 

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Intersexualidad – Factor XY

Ya que andan de paso, y si aún no lo han hecho, no olviden descargarse el ejemplar en formato PDF del mes de Marzo de 2018 de la revista Dfensor, el cual mencionamos durante la entrevista:

37388645_2255096981175131_8199289655523278848_nRevista Dfensor – Marzo 2018

Intersex no es lo mismo que tercer género: una opinión sobre el fallo constitucional en Alemania.

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Esta semana, la Corte Constitucional de Alemania, en Karlsruhe emitió un fallo a partir de la queja de una persona intersex, quien fue registrada con el marcador “femenino” en su acta de nacimiento. La persona demandaba que se estaban infringiendo sus derechos constitucionales al impedirle la posibilidad de inscribir su género de acuerdo a su voluntad; en este caso, su petición consistía en registrarse como “ínter / diverso”. Tras estudiar el caso, la Corte determinó que, en efecto, la persona demandante tenía derecho a inscribir el género que considerara más adecuado según su identidad sexual.

Inmediatamente, este fallo fue ventilado por los medios como un logro para las personas intersex, especialmente por dos motivos: el primero, que la persona demandante fue diagnosticada de nacimiento con Síndrome de Turner, una variante cromosómica intersex; el segundo, que en el análisis del caso, los jueces de la corte hacen mención a la existencia de las personas intersex en su argumentación para justificar la necesidad de una opción que permita el registro de las personas a las cuales “no se puede asignar claramente un sexo en el registro”. Un ejemplo de esta difusión es la nota publicada por el diario español El País, la cual induce la noción de que este resultado va dirigido especialmente a las personas intersex:

“Ni hombre ni mujer. El tribunal Constitucional alemán ha abierto la vía para registrar a personas con un sexo distinto del de hombre o mujer en una decisión que refleja la creciente visibilidad de la intersexualidad en numerosos países.”

El fallo dictaminó además que el Legislativo alemán (el Bundestag) tiene hasta el 31 de diciembre de 2018 para modificar la ley federal de modo que permita la inclusión de una tercera opción aparte de las tradicionales de “masculino” y “femenino” en los documentos de identidad y actas de nacimiento, que a petición del interesado refleje adecuadamente su género; o, inclusive, plantea la posibilidad de que el Legislativo elimine por completo la obligación de registrar un sexo.

Anteriormente en Alemania, se había creado la opción en 2012 de una casilla la cual no daba lugar a una definición libre del género, sino que se establecía como “indeterminado”, y más que al género, hacía alusión a la construcción social que conlleva el sexo: hombre o mujer. Y como hemos hecho notar con anterioridad, esta construcción ha sido encargada desde fines del siglo XIX a la mirada clínica de la comunidad médica.

Desde este espacio, celebramos este fallo en tanto augura la posibilidad de un paso revolucionario para las personas adultas, intersex y endosex por igual, cuya identidad de género no se ajusta a la normatividad social y desean ver reflejado este aspecto en sus documentos de identidad. Esto coincide con uno de los pilares del movimiento intersex, pero sin agotarlo de ninguna manera: el derecho a la auto-determinación. Sin embargo, advertimos la necesidad de ser cautelosos en la manera de difundirlo, a fin de no causar confusión sobre lo que significa la intersexualidad. Ante todo, cautelosos de no perder de vista que las acciones del movimiento intersex deben enfocarse en la lucha por el derecho a la autonomía, es decir, a que la persona tenga el poder para tomar o participar directamente de las decisiones sobre los procedimientos médicos a los que sea sometida, sin importar su edad. Dicho de otra forma, a ponerle fin a los procedimientos médicamente innecesarios e irreversibles a los que son forzadas las personas intersex desde su infancia más temprana, sin su conocimiento ni consentimiento.

Lo que nos preocupa en este espacio es que, debido a una errónea asociación de conceptos entre lo biológico y las construcciones culturales que vinculan género y sexo, en la creación de una tercera opción se termine creando una categoría específica de sexo para las personas nacidas con variaciones en las características sexuales, lo cual pondría en una situación vulnerable a niños y niñas ante el estigma y la falta de sensibilización de la sociedad ante las personas intersex y sus derechos humanos. Como ha declarado Holly Greenberry para The Voice of London: “No debemos confundir la problemática intersex con la de identidad de género. La problemática intersex es fundamentalmente de derechos humanos”.

Consideramos que, aunque es positivo brindar la posibilidad de un marcador de sexo para asegurar el derecho a la identidad jurídica y el acceso a los derechos constitucionales y servicios públicos tales como los servicios de salud y guardería, puede ser más positivo eliminar la necesidad de especificar dicho marcador como requisito para el acceso a estos beneficios provistos por el Estado. Todavía más, como ocurre en la Ciudad de México, asegurar que el cambio del sexo en el registro sea tan simple como un procedimiento administrativo, sin que esto implique un procedimiento médico de reasignación de sexo, demandas del movimiento intersex recogidas en la Declaración de Malta, de 2013 y, más recientemente, en la de Darlington, de 2017:

Respecto a las clasificaciones de sexo/género, los binarismos de sexo y género son sostenidos por la violencia estructural. Además, los intentos de clasificar a las personas intersexuales como un tercer sexo/género, no respetan nuestra diversidad o derecho a la autodeterminación. Esto puede infligir un gran daño, independientemente de si una persona intersexual se identifica, o no, con la asignación sexual binaria legal al momento de nacer.

Será interesante ver cuál será la respuesta del Legislativo alemán a este dictamen de la Corte. Ciertamente, nuestro deseo es que su instrumentación sea a través de la eliminación de la especificación de un sexo, el cual es y ha sido siempre una construcción cultural. Las variaciones de las características sexuales no pueden ni deben ser pensadas como una especie de “tercer sexo”, menos aún como un “tercer género”.  Pero sí sería importante que ese instrumento de ley permita que los derechos de niños y niñas intersex sean protegidos al garantizar su derecho a la identidad jurídica, y remover esa sensación de urgencia por asignar un sexo a través de procedimientos médicos irreversibles. Esto puede contribuir enormemente a reducir la sensación de desconcierto y angustia de los familiares o tutores legales, y a favorecer un entorno saludable en el que sea verdaderamente el interés superior del menor y no las ansiedades de la sociedad las que dictaminen el curso de su vida.

Preocupaciones legítimas: ensayo de respuesta a un juez y a una visitadora judicial del TSJ de CDMX.

Hablar de intersexualidad exige, ante la falta de visibilidad, partir desde lo elemental. Exige, también, escuchar las dudas de quienes escuchan. Especialmente cuando vienen de actores clave en el escenario donde se desenvuelve la temática intersex.

Hace unas semanas tuvo lugar un evento orientado a una audiencia constituida por personas de los entornos jurídico y médico, centrado principalmente en el tema de infancias trans. Sin embargo, también se abrió un espacio dentro de dicho evento en el cual se tocó la temática intersex, el cual fue abordado desde la óptica de un endocrinólogo del Hospital Infantil de México (HIM), y de un sexólogo del Instituto Mexicano de Sexología (IMESEX). Si bien me parece deplorable la ausencia de algún participante que diera voz en ese foro a la experiencia intersex vivida, aquí me enfocaré en lo relevante que resulta que el tema ya está generando un interés serio entre los integrantes de estos ámbitos del quehacer social en esta país. Sigue leyendo “Preocupaciones legítimas: ensayo de respuesta a un juez y a una visitadora judicial del TSJ de CDMX.”

La intersexualidad como identidad política

El pasado miércoles 8 de febrero tuve la fortuna de representar a Brújula Intersexual junto con Mara Toledo y dos compañerxs más del grupo en una mesa de trabajo llamada Identidades en disputa, abordando el tema “Intersexualidad: de la biología a la identidad”, en la Universidad de Londres, en la Ciudad de México. La audiencia fue conformada sobre todo por estudiantes de psicología, ya con algún conocimiento sobre temas de género, un aspecto que abona a su formación dado que se trata de futuros profesionales que en un momento dado también atenderán en su práctica clínica a personas LGBTQ+I, sino también profesionales del área de recursos humanos que velarán por la integración y el respeto a la diversidad en entornos laborales.

Uno de los aspecto que con mayores ansias espero de estos eventos es la ronda de preguntas y respuestas. Por lo general, las personas solo tienen dudas después de abordar el tema de la intersexualidad por primera vez; al comienzo de la presentación, Mara planteó la pregunta de cuántas personas habían escuchado el término “intersexual” (sin especificar si sabían qué significaba). Aproximadamente la mitad de la audiencia levantó la mano. Cuando preguntó cuántos habían escuchado el término “hermafrodita”, todxs lxs asistentes sin excepción levantaron la mano. La anécdota es significativa; mucha gente sigue desconociendo la mera existencia de la intersexualidad, pese a representar un porcentaje significativo de la población. Así que cuando surgen las preguntas, unx tiene que estar preparadx para cualquier cosa. Cuando existe tanto desconocimiento, se tiene por fuerza que ser indulgente. Sin embargo, las preguntas en general se destacaron por promover el debate. Una de ellas atrapó especialmente mi atención: ¿Qué tan cómodxs nos sentimos con ser etiquetados bajo una letra dentro del colectivo de la diversidad? Después de todo, ¿no somos todxs seres humanos? 

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El motivo de esta publicación es la respuesta a esa pregunta, en parte ensayada en una publicación previa. Considero que sí existe una identidad política que motiva la necesidad de que siga existiendo la etiqueta de la intersexualidad. En efecto, todxs somos seres humanos, y eso debería ser lo único que importara. Pero tal aseveración implicaría que hubiéramos al fin rebasado los límites que como sociedad nos imponemos al mirar las cosas de forma restrictiva y dogmática, sin reconocer la igualdad y en la práctica ser todo lo inclusivos y tolerantes con la diversidad humana como lo pregonamos en el discurso. Y no es el caso. La simple persistencia de intervenciones quirúrgicas y tratamientos médicos de normalización corporal a menores de edad intersex sin su consentimiento ni pleno conocimiento es el ejemplo más claro de lo difícil que le resulta a la sociedad aceptarnos tal y como hemos nacido. Ya por no hablar de la dificultad de tramitar un acta de nacimiento, dado el caso de no conceder a la voluntad de ciertos médicos, disfrazada en ocasiones de consejo bienintencionado; o de la discriminación que padecemos por nuestros rasgos físicos. O la dificultad de acceder a servicios médicos donde los profesionales de la salud estén sensibilizados sobre las variaciones de nuestros cuerpos, y actúen con torpeza e imprudencia, a veces deteriorando la de por sí baja autoestima que algunos de nosotrxs padecemos por todo el estigma social que nuestro cuerpo acarrea.  No: la intersexualidad como identidad política es necesaria para dar visibilidad a estos problemas y hacer notar que se trata de una asignatura pendiente de la sociedad, así como los problemas del resto de esas letras del colectivo LGBTQ+I, hasta que realmente no solo los temas de inclusión bajo la ley sean válidos jurídicamente sino también socialmente. O podríamos plantearlo de otra forma: hasta que de verdad ser intersex no represente un agravio para nadie, y que el respeto a la autonomía corporal sea tan natural como hoy lo es, por ejemplo, que una mujer vaya a votar.

Como lo dije previamente: la etiqueta de “intersexual” seguirá siendo necesaria hasta que llegue el día en que ya no tenga sentido especificar que alguno de nosotrxs lo es. Pero por lo pronto, es tan necesario como en su momento lo fue (y a veces lo sigue siendo) que las personas homosexuales alzaran la voz para defender su derecho a sentirse atraídos por personas de su mismo género, o las personas trans para defender su derecho a expresar mediante su cuerpo y/o su aspecto físico la identidad de género con la que se identificaban a sí mismxs. De la misma forma, cualquier persona intersexual puede serlo en el muy respetable anonimato de su vida íntima, sin tener que presentarse como tal. Pero para personas como yo, declarar públicamente que somos intersex representa un acto de denuncia de la deuda que la sociedad tiene con nosotrxs, tal y como lo destacó uno de los organizadores del evento al término de nuestra participación.

¿Identidad intersexual?

Una duda recurrente cuando hablamos de intersexualidad sigue siendo el qué es. De esto hemos hablado antes. Lo que me interesa ahora es que muchas personas creen que se trata de una identidad. Es decir, que unx como intersex se asume desde una identidad, así como una suerte de identidad de género u orientación sexual.

La respuesta corta es: no. La intersexualidad en su definición misma excluye la noción de identidad. La intersexualidad es un conjunto de variaciones del cuerpo asociadas a los marcadores biológicos típicos del sexo. En otras palabras: las características sexuales. A veces depende de la interpretación de “características sexuales” (muchos médicos sólo consideran las variaciones del aparato reproductor bajo este concepto; otros incluyen las variaciones de los cromosomas). Para más información al respecto, se puede consultar mi artículo previo, ¿Qué tan común es la intersexualidad?

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Bandera de la comunidad intersex, creada por OII Australia. Sobre ella dicen: “El círculo está entero y sin adornar, simboliza la totalidad y lo completo, así como nuestras posibilidades. Aún luchamos por la autonomía del cuerpo y la integridad genital, y esto simboliza el derecho a ser quienes queremos ser y en la forma en que queramos serlo.”

La respuesta larga: es complicado. La identidad de un individuo intersex se moldea de inicio bajo los mismos preceptos y prejuicios que la de cualquier otro individuo en la sociedad en la que ha nacido. Existen personas intersex en el mundo que asumen su intersexualidad como una identidad por una razón: nuestras variantes del cuerpo particulares definen en buena medida nuestra historia personal y nuestras vivencias. Pero esto es cierto también para cualquier persona en el mundo; por ejemplo, una persona que no distingue los colores verde y rojo percibe el mundo de una manera particular, como sucede también con personas con alguna discapacidad motora,  o con personas más sensibles emocionalmente y su reacción ante ciertos eventos. Cada persona desarrolla una identidad propia. Y así nos ocurre a las personas intersex.

Ahora, si la pregunta va en torno a la orientación sexual o identidad de género, la respuesta sigue siendo la misma: cualquier ser humano sobre la faz de la Tierra es capaz de desarrollar una identidad en función de la forma que toma su sexualidad y el género desde el que se identifica. En ese sentido, una persona intersex puede asumirse como hombre, mujer, gender-fluid, género no binario, etc… e identificarse como gay, lesbiana, bisexual, asexual, pansexual, incluso sin una orientación en específico.

Se puede decir que la identidad que una persona intersex puede desarrollar llega a ser tan rica y diversa como aquella a la que el ser humano en su generalidad aspira.

Y quizá esa flexibilidad, a veces dada desde la consciencia y a veces dada por circunstancias que uno no elige vivir, es lo que hace que el concepto de identidad intersexual resuene en la mente de muchas personas como una posibilidad. Sin embargo, yo sería cautelosa al afirmar que de hecho exista como tal, pues, como he dicho, es una construcción en el ser humano hecha desde la sociedad en que se ha nacido, y a partir de la historia personal de cada unx.

Al final, querer definir una “identidad intersexual” podría resultar tan genérico que estaríamos tratando de negar la misma diversidad humana en la que nos hallamos inmersxs.