Hoy es el Día de la Visibilidad Intersex. Por Odette

De la pluma de Odette, querida amiga y compañera de lucha por la visibilización de la problemática que vivimos las personas intersex. Gracias a Brújula Intersexual por permitirnos compartir desde este espacio.

Brújula Intersexual

Hoy es el Día de la Visibilidad Intersex

Por Odette

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No soy buena escritora, pero quiero expresar mis algunas cosas por este día. ¿Cuál es su importancia? Y, para mí, ¿qué es la visibilidad?

Ser visible, en cierta manera, es dar a conocer al mundo que existimos personas que de cierta manera nacemos diferente a las demás, y que esto conlleva muchas dificultades en nuestras vidas.

Por un lado, algunas personas intersexuales reciben mucho acoso por el gremio médico, el cuál tiene el afán de querer corregir cuerpos por el simple hecho de haber nacido diferentes a los cuerpos binarios (los típicamente masculinos y femeninos), por tanto, muchas personas son sometidas a cirugías que dejan graves secuelas en sus cuerpos, además de ser sometidas a constante acoso médico, donde los cuerpos intersexuales de bebés, niños y niñas son expuestos en contra de su voluntad ante estudiantes de medicina, y son…

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Visibilidad intersex

En el tiempo que llevo trabajando en la promoción de los derechos de las personas intersex, hay un tema que genera controversia, en mi opinión sin razón para que así fuera. Si lo abordo en esta ocasión, es porque reconozco que hace falta aclararlo: hablo acerca de la visibilidad del activismo intersex. Para ello, me valdré de tres anécdotas.

La primera es referida, dos personas intersex y una aliada de la comunidad que participaron en un evento público fueron interpeladas por una persona de la comunidad LGBT. Esta persona expresó su desacuerdo con que la comunidad intersex no fuera tan abierta, que no fuera visible. Que cómo esperábamos que las personas simpatizaran con nosotrxs si no éramos públicxs. La segunda ocasión que surgió el tema fue en medio de una reunión con activistas de otros países. Una de las personas manifestó su desacuerdo con que algunxs optáramos por un perfil más bajo, por emplear seudónimos en vez de nuestros nombres legales, y dijo que con ello solo promovíamos el temor y el estigma. La tercera ocasión fue hace poco, en un evento donde intervine públicamente. Un aliado de la comunidad me felicitó por haberme decidido a participar, a ser más visible. Entendí que lo decía como un cumplido, pero hubo un eco en mi interior que me hizo cuestionar el significado de la palabra visibilidad en el contexto del activismo por los derechos de las personas intersex.

El común denominador de estas tres anécdotas no salta a la vista si antes no se entiende lo tremendamente difícil que es para una persona asumir la historia propia con una voluntad política, es decir, con el deseo de promover un cambio, de marcar una diferencia, de generar una reacción que lleve a una transformación del estado de las cosas como son. Esto es especialmente cierto para las personas intersex. En este sentido, confieso que hace años miraba a los activistas de cualquier tema con cierto desdén. Como muchas de las personas que viven absortas en el trajín cotidiano y en la creencia de la existencia de jerarquías morales dadas por el quehacer, la formación y la profesión, yo me situaba desde una posición falsa de superioridad moral y pensaba: “¿Por qué no se encuentran un trabajo real?” ¿Cómo fue que una persona que pensaba de esa forma mudó su ocupación hacia aquello que tenía en tan baja estima? Como casi cualquier transformación real, provino de una convicción profunda, y para que sea profunda, debe ser personal. Descubrir mi historia personal me hizo darme cuenta de muchas cosas que estaban mal, no a causa de una maquiavélica disposición de un grupo de especialistas médicos del IMSS a comienzos de los años ’80s, ni por el bienintencionado despropósito de mis padres al acceder a seguir el consejo de las eminencias médicas, sino porque socialmente existen montones de condicionantes sociales y culturales que avalan y dan por bueno ese pensar y ese obrar tan hondamente violento. Condicionantes muchas de las cuales solo estoy consciente porque son las que más cercanamente me han tocado, a mí y a mi familia, pero que también estoy consciente que hay muchísimas otras que existen y ocurren, aunque yo no las haya vivido en mi propia experiencia de vida. Lupita Chávez, en su propio testimonio de vida, dice: “no ofrezco mi testimonio para victimizarme sino para ayudar a más personas que nacieron con esta condición”. Hace solo unos días, una amiga me dijo que quería hacer algo para ayudar, y yo le ofrecí la misma solución que funcionó para mi, y que ha funcionado para muchxs: escribir su propio testimonio de vida. Porque al escribir la propia historia, unx se reencuentra a si mismx, y valoriza aquello que sirve para aprender y aquello que hay que dejar ir, y permite también determinar lo que se quiere hacer en adelante. En el caso de Lupita, como en el mío y en el de muchas personas, el testimonio no es para inducir a la compasión mal comprendida, aquella que supone que poner atención a historias como las nuestras les ayudan a ser mejores seres humanos o a ser una sociedad con mayor empatía, como si por obra de un artilugio alquímico nuestra conciencia se limpiara y nuestras omisiones nos fuesen eximidas; no, el testimonio sirve para generar conciencia de lo que como seres humanos estamos ignorando, a veces deliberadamente, y cuestionar nuestras bases tan inconscientemente asimiladas. En este momento, recuerdo a una persona que, tras un evento donde di mi testimonio, se me acercó como si quisiera consolarme (en verdad, aquella vez me puse muy emotiva al hablar ante el público). No necesitaba consuelo; necesitaba reconocimiento, y no hacia mi persona, sino hacia las realidades que siguen sucediendo como sucedió en mi caso. Imagino que aquella persona no sabía de qué otra forma reaccionar ante una situación que hasta ese día había desconocido. Quizás sea esa la primera e inevitable reacción de algunas personas que piensan que pueden ayudar, aunque no sepan cómo. Como quienes ven a una persona convulsionarse en un episodio epiléptico, ansiosos sin saber cómo actuar, hasta que alguna persona interviene de forma eficaz, o hasta que son educados al respecto.

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Espectro visible de luz, fotografía de Hadley Paul Garland (bajo licencia de Creative Commons). Hay mucho más en la luz que los colores que nos revela. “Lo esencial es invisible para los ojos” -. Antoine de Saint-Exupéry

No creo que ser visible signifique presentarse en foros públicos y desnudar el alma (o el cuerpo) sin motivo. No creo que ser visible se traduzca directamente en manifestarse en una plaza pública, o en hacer una caminata, trote, rodada o marcha. Aunque entiendo muy bien que para algunas personas, esas sean formas poderosas de ser visibles, la visibilidad no puede, no debe exigir de ninguna forma como requisito indispensable la presencia de un cuerpo y de un rostro, de un nombre, de una figura pública; debería, en cambio, exigir una mayor atención a la voces, a las demandas, al pensamiento crítico, a las diversas formas de manifestación de nuestra existencia como el arte y la literatura hechos por personas intersex, más que a un cuerpo o a un rostro o a un nombre. La visibilidad que me interesa es la del tema intersex como tal. Recuerdo un comentario que escuché una vez de un aliado, a la pregunta de una asistente a un evento que dimos hace unos meses, que resume a la perfección lo que para mi (y para todo aliado de nuestra lucha) debería significar la visibilidad intersex: aquella vez, alguien preguntó por Laura Inter. —¿Tú sabes si Laura Inter está aquí?—, preguntó aquella persona, y el aliado, con toda templanza, replicó: —Si Laura Inter está aquí, ella vendrá a ti —. Y es verdad: si una persona intersex quiere hacerse presente o pública en un foro dado, lo hará, en sus tiempos, en sus términos. No se puede pedir otra cosa de nadie, en realidad. Aquella persona de la comunidad LGBT que interpeló a lxs participantes del foro estaba parcialmente equivocada en dar por sentado que la única forma de lograr avances era siendo públicos. Parcialmente, porque no le veo sentido ser públicamente intersex solo para saciar la curiosidad de quienes quieren saber cómo es una persona intersex, pero sí que hay que saber elegir los foros y los momentos en los cuales nombrarse intersex, especialmente cuando la oportunidad se presenta de propiciar un cambio, de generar conciencia. Está también el tema de la inseguridad a la que se enfrentan las personas que se dedican a cualquier forma de activismo, circunstancias tales que exigen una forma inteligente de actuar sin con ello acallarse, sin con ello someterse nuevamente al yugo del estigma social. Las personas que nos criticaban a los que elegíamos un perfil bajo en aquella reunión ciertamente provenían de un entorno más seguro que México, de un país de la esfera occidental donde se puede dar la cara como persona intersex pues el riesgo a asumir es menor. No se trata de agachar la cabeza en derrota, sino de ser conscientes de que no necesitamos mártires, sino agentes de cambio que impulsen una transición social, sin violencia, sin muertes. Mi interés es cuestionar, es revolucionar las mentes de las personas, es plantearles preguntas que eventualmente le haga salir por si mismas de ese sopor que tan bien conozco. Mi interés, en fin, no es ser corifeo de ninguna cruzada, sino voz que se sume a la cuestión crítica de una era que tiene que deshacerse de sus prejuicios y asumir la diversidad más amplia de la naturaleza humana.

Corazones que se alinean

A los corazones que se reunieron en San José, físicamente y de pensamiento.

 A mi hermano, que me dijo: —Te estábamos esperando.

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Han pasado ya más de dos semanas desde que concluyó la Primera Conferencia Latinoamericana y del Caribe de Personas Intersex en San José, Costa Rica. He esperado un tiempo antes de escribir al respecto, en parte porque he querido que todas las experiencias, las ideas y las emociones que surgieron durante las sesiones de trabajo de esos tres inolvidables días ocupen su lugar y su valor en mi memoria. Todavía me parece increíble que haya sucedido ese encuentro, que catorce personas de distintos países y orígenes hayamos convergido en un mismo lugar y espacio, en el centro de nuestra América, la América de la vocación por la diversidad, la América donde se gestan movimientos que claman por un mundo distinto, donde haya equidad, justicia social, memoria del pasado, respeto a los derechos humanos, entre tantas otras deudas que venimos acarreando…

Más allá de los resultados y de los acuerdos, más allá de los esfuerzos comunes que se tienen que articular de aquí en adelante para fortalecer y hacer más visible el movimiento intersex de la región, me parece necesario destacar la palpable existencia de una riqueza humana que aún está por manifestarse en el mundo. La procedencia cultural, lingüística, política y corporal de cada persona, por necesidad tenía que aportar algo diferente, algo único, al espacio común en que coincidimos. Más que homogeneizar una perspectiva de acciones y de estrategias colectivas, en la Conferencia pronto se hizo patente que el enfoque del activismo intersex de la región de América Latina y el Caribe no puede menos que reconocer la historia de nuestros pueblos, y explorar las posibilidades invisibilizadas y desplazadas por los discursos dominantes de otras regiones y de otros ámbitos (por ejemplo, el ámbito médico occidental).

Por otro lado, fue una excelente oportunidad de reconocer la potencia que tienen las expresiones alternativas de las personas que forman parte de nuestra “pequeña” comunidad.

En verdad, la comunidad de personas intersex y nacidas con variaciones de las características sexuales de esta tierra que denominamos como América Latina y el Caribe, tiene muchísimo para aportar al movimiento intersex global, mediante la creación cultural, la acción social, la intervención artística y la propuesta académica. Tales expresiones están llamadas a irrumpir en el mainstream dominante de ideas y concepciones del ser humano, a sensibilizar a una sociedad indiferente, cuando no desconocedora, de la problemática que vivimos; y a reforzar la lucha por el pleno reconocimiento de nuestra categoría de seres humanos y respeto de nuestros derechos desde el momento de nacer y durante nuestra infancia y adolescencia, que es el periodo en que somos más vulnerables a los prejuicios y a la normalización de nuestras características sexuales (una vindicación urgente y que sigue pendiente de aterrizar en los planos que sean necesarios: normativos, jurídicos, judiciales).

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Guaría en gestación, arte callejero. San José, Costa Rica, 3 de marzo de 2018.

 

Es claro que hace falta mucho trabajo para concretar en hechos y resultados los acuerdos y propósitos surgidos de este primer encuentro, mismos que se harán públicos próximamente. Pero me parece imperativo señalar la necesidad que ha surgido a partir de esta primera conferencia (posibilitada gracias a los auspicios del Intersex Human Rights Fund) de dar espacio a las voces de la región, con toda su pujanza y su creatividad, pero también de fortalecer el sentimiento de comunidad de sur a norte y de norte a sur, alineando los corazones de todas las personas intersex y nacidas con variaciones de las características sexuales, oriundas de este hemisferio, para construir una visión del mundo que nos oriente en el camino, una utopía que, retomando las palabras del cineasta Fernando Birri, nos permita fijar la mirada en un horizonte posible, y caminar hacia ella, porque para eso son justamente las utopías: para caminar.

Respetar no es igual que consentir.

A Carla.

“Qué cansino es este tema. Que cada uno haga lo que mejor crea para sus hijos. Dejar tema, ya. Respetar”.

Ese fue el comentario de una persona, una madre de una niña con HSC, acerca de un artículo publicado respecto a la proscripción de cirugías en niñas/os intersex en un foro de Facebook. Su comentario se daba en el contexto de un acalorado debate entre algunas madres que formaban parte del grupo y que habían tomado la decisión de someter a sus hijos/as a operaciones médicas para modificar sus genitales, y personas adultas diagnosticadas con HSC al nacer, quirúrgicamente intervenidos y sin intervenir. La percepción de las madres que defendían la decisión que habían tomado era que habían estado en su derecho de optar por las cirugías, y que nadie debía estar inmiscuyéndose ni opinar acerca de su decisión, menos aún juzgarlas, y que las personas adultas con HSC representaban un grupo intolerante.

Aquí hay varios aspectos que quiero desmenuzar, temas que ya he abordado en publicaciones anteriores, pero que esta vez ameritan ser examinadas de forma directa y abierta, porque se dan muchas interpretaciones basadas en conceptos erróneos o con un punto de vista incompleto. Sigue leyendo “Respetar no es igual que consentir.”

Sobre un tercer marcador de género.

¿Sirve la existencia de un tercer género en nuestra sociedad?

No me refiero aquí a las comunidades donde de facto existe un tercer género. En estas, el tercer género tiene la misma función que los géneros binarios en la nuestra: establecer una definición de lo que se espera de las personas encasilladas en tal género, que van desde el comportamiento social pasando por la expresión a través del cuerpo, y contemplando en su sentido más amplio la identidad misma del individuo. Un tercer género sirve en un contexto social para distinguir los roles, expectativas y, a veces, corporalidad de la persona que lo encarna respecto a la dicotomía masculino-femenino, de la cual también hay un libreto implícito pre-establecido. Sigue leyendo “Sobre un tercer marcador de género.”

El 4º Foro Internacional Intersex

En una nota algo atrasada (he tenido la intención de escribirla desde el mes pasado, pero solo ahora he encontrado el tiempo y las palabras adecuadas para hacerlo), del 20 al 23 de abril se llevó a cabo el 4º Foro Intersex Internacional en la ciudad de Ámsterdam, en los Países Bajos. Se dieron cita aproximadamente 40 activistas de todas partes del mundo, el número más alto hasta el momento en comparación con los tres foros previos.

Tuve la fortuna de acudir a dicho evento gracias al apoyo de los organizadores (Astraea Foundation, ILGA y la NNID, que fungió como anfitrión). La sensación general al inicio era de expectación. Pude apreciar que no solo me encontraba ante personas de diversas partes del mundo, sino que me encontraba ante un gran número de jóvenes, pero también estaba en presencia de algunos de los líderes más destacados del movimiento intersex global. También era de resaltar que el contingente que representábamos a países de América Latina era nutrido, en total éramos seis personas: Mauro Cabral (ARG), Laura Inter (MEX) Anaid IS (COL), Mar IS (MEX), Natasha Jiménez (CRC), y yo.

 

4ºforo

El foro fue un espacio muy valioso para escuchar y aprender de las personas que llevan un largo recorrido tratando de educar e informar a sus sociedades sobre la existencia de intersexualidad y sus características, pero también para enfrentar la cerrazón de los sectores más conservadores que se niegan a admitir que la intersexualidad no es una enfermedad ni una abominación, y que se puede tener una vida plena y satisfactoria a través de un cuerpo intersexuado.

Sin embargo, lo que más aprecié fue la oportunidad de charlar en corto con algunas de esas personas, especialmente con Holly Greenberry, de Intersex UK, de quien aprendí la experiencia viva de cómo un movimiento en pro de los derechos de las personas intersex (que son nada menos que derechos humanos) suele comenzar en una persona y una computadora, nada glamuroso ni sofisticado pero con ideas bien asentadas y objetivos muy claros, y atreviéndose a decir las cosas sin miedo a si sonarán correctas o no; y con Hiker Chiu, de OII-Chinese, cuya paciente visión sobre cómo educar a la sociedad y a las nuevas generaciones de profesionales de la salud, y de establecer un diálogo abierto con la comunidad médica puede resultar fructífero, pese a tratarse de un proceso lento y a veces poco satisfactorio. También me parece digna de destacar la presentación de Mauro, cuyo movimiento Justicia Intersex trabaja en su país para llevar al grado de reconocimiento legal y jurídico los derechos humanos de las personas intersex a pesar del clima político, una característica que define sin duda a muchos países en el mundo pero que condiciona de manera especial los avances de justicia y equidad social en una América Latina azotada por la plaga endémica de la corrupción, el ultraconservadurismo y los regímenes dictatoriales y totalitarios en torno a juntas militares, élites sociales o partidos políticos disfrazados de instituciones democráticas.

Recogiendo las palabras de Laura Inter en el Comunicado de Prensa emitido por el foro: “Damos la bienvenida a la oportunidad de aprender de la comunidad intersex global, hacer que nuestras voces sean escuchadas y desarrollar herramientas para continuar nuestro trabajo para las personas intersex en nuestros países”

A diferencia del emblemático Foro de Malta que precedió a éste, donde la producción y publicación de una declaración que afirmara y llamara al respeto de los derechos humanos de las personas intersex fue su aspecto culminante y definitorio, el Foro de Ámsterdam se destaca por el reconocimiento de la diversidad cultural global, característica innegable que llama a repensar la forma en que cada movimiento debe abordar las demandas por el respeto a los derechos de las personas ínter, reconociendo que hay prioridades y enfoques particulares en cada sociedad, y que existen fortalezas, rasgos y desafíos regionales específicos que deben ser tomados en cuenta antes de asumir una visión puramente occidental en el activismo intersex.

Para leer el Comunicado de Prensa en español: Comunicado de Prensa – Cuarto Foro Intersex Internacional.

La bandera de otros (o de cómo hacen falta más voces e historias intersex).

Todos necesitamos de aliados en algún punto de nuestro andar por el mundo.

Sin embargo, a veces me pregunto qué tan valioso resulta el apoyo de algunos “aliados” que recogen algunos aspectos de nuestra persona para articular sus propias demandas. Pienso en este momento en quienes, a su conveniencia, hablan sobre la corporalidad no-binaria y las variantes de las características sexuales de las personas intersex, para así desmitificar diversos aspectos de la heteronormatividad como la identidad de género, para no ir lejos.

Como se ilustra en este cómic de la fantástica Sophie Labelle (un ejemplo de una verdadera aliada), muchas veces no somos más un buen argumento para la causa de otros:

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@assignedmale, de Sophie Labelle. Traducción de Laura Inter.

Lo anterior me aflige bastante porque, en el poco tiempo que llevo trabajando en pro de la visibilidad intersex, he atestiguado el cómo muchos grupos de activismo pro LGBTQ, sexólogos, académicos y estudiantes utilizan nuestra mera existencia para justificar sus casos, sus estudios, sus campañas de políticas públicas en favor de la diversidad sexual (mencionándonos pero dejándonos a un lado) y al fin hacerse de un nombre y una reputación de expertos, antes que interesarse genuinamente por nosotros y nuestras problemáticas cotidianas. Nos incluyen en el acrónimo LGBTQI (en México se usa LGBTTTI). Pero esa “I” sigue siendo desconocida e incomprendida, cuando no abiertamente ignorada, por esos mismos “aliados”, que se acercan para solicitarte apoyo, sea el tuyo o el de la comunidad intersex, pero que no expresan el cómo van a apoyar de vuelta a la propia comunidad; en mi comprensión básica, un aliado pide, pero no se olvida de retribuir.

Cuando veo a esos “aliados” hablar por nosotrxs, en nuestro nombre, pero sin nosotrxs, y sin entendernos, y usándonos con descaro sólo para reafirmar los postulados de sus propias causas, me viene a la mente un dicho mexicano que reza: “¡No me defiendas, compadre!”. O sea: “ya deja de ‘ayudarme’, porque me estás perjudicando”. ¿Por qué perjudicar? Porque:

  1. Cuando un “aliado” no tiene un claro entendimiento de nuestra lucha concreta por consolidar nuestros derechos humanos; cuando no conoce las muy diversas características que nuestros cuerpos presentan y de las historias que hemos vivido dentro de esos cuerpos (la experiencia de una persona intersex puede ser muy diferente a la de otra); y cuando no tiene la claridad de los problemas diarios con que tenemos que lidiar (salud y asistencia médica, acoso escolar y en entornos laborales, dificultades con la familia y hasta con la pareja), ese “aliado” termina por simplificar nuestra existencia a un mero estereotipo (“una persona intersex es una persona que tiene partes de ambos sexos”, es solo una de las barbaridades con las que muchos “aliados” han llegado a describirnos). Al ocurrir esto, ¿cómo podemos esperar que el común de las personas comprenda nuestra demanda, o siquiera se entere de lo que significa la intersexualidad, cuando escuchan por primera vez de nosotros por boca de esos “aliados”?
  2. Cuando un “aliado” nos utiliza para sus propios objetivos, para desarmar las nociones de identidad y roles de género, para generar políticas públicas de inclusión que sólo contemplan los aspectos de orientación sexual e identidad de género (SOGI, por sus siglas en inglés), nuestras demandas específicas generalmente son excluidas. Es cierto que muchas personas intersex no se identifican con las definiciones típicas de género binario, y que hay otras que además tienen orientaciones no heterosexuales; pero nuestra lucha se debe a la existencia de un poderoso ente médico-social que no concibe la posibilidad de que una persona con características sexuales diferentes al estereotipo binario masculino-femenino pueda llegar a ser pleno y feliz tal y como ha nacido. Nuestra lucha es por la defensa de nuestros DDHH inalienables. Pero nuestros “aliados” fallan (no se si por falta de capacidad o por desinterés) en comprenderlo, y cuando sus propias luchas rinden frutos, no hay ninguno en favor de nuestras exigencias. Ni siquiera el citarnos como la “I” dentro de LGBTQI parece ayudar a que haya una mayor visibilidad de la intersexualidad entre el grueso de la población. No es visible la manera en que esas “alianzas” nos estén ayudando a sentar las bases de un futuro más promisorio para lxs niñxs intersex, por citar un ejemplo. No se ve cómo la mera sensibilización sobre niñxs de género diverso pueda beneficiar a unx niñx intersex, cuando que su realidad no necesariamente (ni únicamente) se define por una discrepancia entre identidad de género y sexo asignado al nacer; queda fuera el aspecto más importante de esx niñx: su corporalidad innata, sus características sexuales.

Ya en 2002, un estudio sobre la forma en que la intersexualidad era abordada en las aulas de los cursos de Estudios de Género (Koyama y Weasel, 2002. From Social Construction to Social Justice) sugería que para la agenda política LGBT no era claro que el activismo intersex requiriese de un enfoque diferente y “un conjunto de prioridades distinto que el del activismo de las comunidades LGBT” (la traducción es mía). Quince años han pasado, y la situación no es tan diferente.

La necesidad de contar con argumentos a favor de la deconstrucción de las identidades de género y de los roles estereotipados hacen de nuestra lucha, pero a veces de nuestra mera existencia, una herramienta útil para las otras luchas y debates. No puedo decir que esto sea negativo por sí solo. De hecho, la sola generación de ideas y reflexiones suele ser benéfico para todxs. Pero, ahora más que nunca, es tiempo de que sea el propio movimiento intersex el que asuma los reflectores que hoy están siendo ocupados, a nombre nuestro pero sin nosotrxs, por otras personas que no son verdaderos aliados, que no sienten un compromiso real con nuestra lucha. El micrófono, las ideas, las propuestas de ley, los procesos de sensibilización y alfabetización de las personas sobre el tema de la intersexualidad y la representación de nuestra comunidad ante entidades gubernamentales; en suma, la lucha por nuestros derechos humanos, debe de ser asumida plenamente por voces de adentro de la misma comunidad intersex, apoyados y acompañados (pero nunca reemplazados) por los verdaderos aliados que tienen interés en ver que nuestra lucha reditúe beneficios para la población intersex presente y futura. La invitación está abierta para las personas intersex a nivel local y regional, pues hace falta generar ideas y soluciones propias, aprovechando el apoyo y logros de las comunidades de otras latitudes, pero sin “tropicalizar” propuestas que no aborden los problemas de nuestros entornos. Por ejemplo: no es lo mismo ser una persona intersex en uno de los más privilegiados países de Europa Central que serlo en la comunidad más remota del estado de Michoacán; el primer caso enfrenta una lucha muy específica contra una cultura que confía a ciegas en la opinión de médicos altamente especializados y una industria farmacéutica que se beneficia de que los procedimientos hasta hoy practicados sigan su curso, porque cada vez que se le remueven las gónadas a una criatura debido a un pobre diagnóstico de malignidad cancerígena, se fabrica un cliente que requerirá terapia de remplazo hormonal de por vida. En cambio, una persona que vive en una ranchería, cuya familia aprende a guardar el secreto para evitar el estigma, que no es llevada nunca a una clínica porque no existe cobertura médica, puede vivir hasta llegar a ser adulta y descubrir su condición intersex sólo al recurrir por primera vez en su vida a un médico por un problema de salud completamente ajeno a sus características sexuales. Esa persona enfrenta entonces otra problemática, ya no de índole clínica, sino de índole social.

¿Cuántos de los que hoy se proclaman como nuestros “aliados” tienen clara la diferencia? ¿Cuántos de ellos tienen una idea de lo difícil que es hablar de intersexualidad con una persona que no puede articular su propia intersexualidad porque no tiene el lenguaje aunque la viva todos los días, y que por añadidura tiene que enfrentar la dificultades de un entorno socioeconómico desfavorable y muchas veces violento (realidad cotidiana de millones de personas tan solo en México)?

Esta reflexión surge en el marco del Día Internacional de la Lucha contra la Homofobia y Transfobia (IDAHOT). A menudo pasada por alto, la interfobia (aspecto que abordaré en otra publicación) también forma parte ya de esta lucha. De hecho, el acrónimo IDAHOT ha sido acompañado de unos años acá por otro más: IDAHOBIT, el cual incluye la intersexualidad y a otra comunidad acaso igual de desatendida e incomprendida: la bisexual. La visibilidad de nuestras demandas es una de las prioridades del movimiento, y esa visibilidad no la da otra cosa que el alzamiento de las voces de otras personas intersex y de sus historias. Sin esas voces, no se puede hablar de intersexualidad. Citando el famoso aforismo de Ludwig Wittgenstein:

De lo que no se puede hablar, es mejor callarse.

¿Hasta cuando podremos seguir callando? Por esto es que hace falta hablar, con nuestras propias voces, para romper el silencio, y enunciar nuestras necesidades y demandas, con nuestras propias palabras.

No podemos esperar ya que otros nos ayuden a conseguirlo; ciertamente, no podemos seguir permitiendo que otros enarbolen nuestra bandera para sus fines particulares. Incluso si lo que queremos es que sean las voces de nuestros aliados verdaderos las que nos abran paso y luchen a nuestro lado por sobre el oportunismo de otros, es imperativo que demos el primer paso, estrechemos nuestros vínculos, nos hagamos visibles (entre nosotrxs, por lo menos) y hablemos alto y claro.