Comunicado sobre la resolución final en torno a la Sección xii del Proyecto de Resolución Promoción y Protección de Derechos Humanos de la XLVII Asamblea General de la OEA

22 de junio de 2017.

A la opinión pública:

Durante la XLVII Asamblea General de la OEA, llevada a cabo entre el 19 y el 21 de junio de 2017 en Cancún, Quintana Roo, México, la discusión del Proyecto de Resolución en cuestión fue escenario de un debate originado por la propuesta de redacción que contemplaba incluir el término “características intersex”. Dicho término fue rechazado ante la falta de un consenso mayoritario, teniendo por argumentos principales el que dicho término no existía en las legislaciones locales de los países que se opusieron, y que no emanaba de ningún tratado ni acuerdo internacional, por lo cual la propuesta fue calificada de unilateral.

Las personas y organizaciones que firmamos este comunicado, bajo el entendimiento de que al referirnos a “personas intersex” o “personas intersexuales” no aludimos a una identidad, sino a personas con variaciones congénitas en las características sexuales, consideramos que:

  1. Al ser los derechos humanos uno de los cuatro pilares usados por la OEA para alcanzar sus objetivos declarados, este organismo debe resolver de acuerdo a los avances logrados en la materia. La OEA funge como referente en la creación de acuerdos en DDHH, por lo cual debe de innovar y abrir brecha, desprenderse de presupuestos basados en dogmas y creencias populares cuando estas tiendan a estigmatizar y discriminar al otro.
  2. La demanda del reconocimiento de los derechos de las personas intersexuales no es la demanda de un privilegio o de un estatus especial: es la exigencia del respeto a los derechos humanos establecidos en acuerdos internacionales, tales como la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la Convención sobre los Derechos del Niño, los Principios de Yogyakarta, así como en el reconocimiento de los derechos que la CIDH ha avalado en las audiencias del 15 de marzo de 2013 y del 20 de marzo de 2017, convocadas para tratar la situación regional de las personas intersexuales.

Por tanto, y más allá del derecho a rechazar un término disonante con las legislaciones locales, la obligación de la asamblea es la de proponer y asumir una interpretación amplia, destinada a garantizar los derechos de las personas intersex, que son los mismos a los que cualquier otra persona debe tener acceso, sin importancia de su edad, nacionalidad, origen étnico, orientación sexual, identidad de género o diversidad corporal, entendida esta última desde las variaciones congénitas de las características sexuales. Dicha actitud requiere que los Estados miembros de la OEA identifiquen y reconozcan la violación sistemática a tales derechos, los cuales han sido documentados por relatorías de la propia CIDH (Violencia contra persona LGBTI, fechada el 12 de noviembre de 2015) y la ONU (Informe del Relator Especial sobre la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes, fechada el 5 de enero de 2016.)

En resumen: no criticamos el rechazo a una terminología considerada por esta asamblea como unilateral o inexistente en acuerdos internacionales. Criticamos la falta de compromiso de la asamblea para dialogar, reconocer, proponer y asumir no solo una nomenclatura, sino una postura firme para reconocer la problemática real a la que desde su infancia enfrentan las personas intersexuales y para defender sus DDHH.

Por lo anterior, llamamos a los Estados miembros de la OEA a:

  1. Asumir plenamente el pilar de los derechos humanos de todas las personas que habitan la región, reconociendo la situación en que se encuentran las personas intersex, debido a la violencia médica experimentada en sus cuerpos y a la discriminación de la que son sujetos.
  2. Educar a los representantes de derechos humanos de cada Estado miembro sobre el tema de la intersexualidad, recurriendo para ello al trabajo desarrollado por organismos internacionales (ej. Oficina del Alto Comisionado de Derechos Humanos) y regionales (CIDH, Consejo de Europa, etc.)
  3. Incorporar a activistas intersex regionales y locales al trabajo de los organismos de derechos humanos del sistema interamericano y de cada país, a fin de legitimar los avances y propuestas que emanen de estos.
  4. Reconocer los desafíos particulares y culturales que enfrenta cada Estado y proponer acciones concretas para incorporar al lenguaje legislativo y jurídico la existencia de la diversidad corporal de las personas intersexuales.

Firman:

(Última actualización: 23 de junio de 2017)

PDF del comunicado original en españolComunicado sobre la resolución final en torno a la sección xii del Proyecto de Resolución Promoción y Protección de Derechos Humanos de la XLVII Asamblea General de la OEA

Public Release English translation PDF downloadPublic release on the final resolution on section xii of the 47th OAS GA Draft Resolution Towards Promotion and Protection of Human Rights

DOC del proyecto de resolución aprobado por la OEA (original en español)AG07431S03.doc

DOC da tradução Português do projeto de resolução aprovado pela OEAAG07431P06.doc

(Para traducciones pendientes del proyecto de resolución aprobado, consultar: Documentos de 47º Período Ordinario de Sesiones de la Asamblea General de la OEA

Etiquetas

En nuestros días es común el uso de etiquetas para referirnos a las personas, definiéndolas por lo general con base en uno o varios aspectos de su persona. Un ejemplo simple es referirse a Zutano como un holgazán, sólo porque es una persona de poca energía y que tiende a dormir muchas horas. No importa si Zutano es una persona dedicada y responsable, “holgazán” deja de ser adjetivo para convertirse en sustantivo, y de paso denostarle por la connotación peyorativa del término.

En una charla con una persona hace unos días, abordamos el uso del término intersex intersexual para referirnos a las personas que hemos nacido con un cuerpo con una variación intersexual. Me preguntó: “¿No es un término peyorativo? Porque por ejemplo yo soy heterosexual, y no me gusta que me anden diciendo que lo soy.” Obviando el aspecto de que la heterosexualidad es una orientación sexual, comprendí lo que trataba de sacar a relucir: ¿por qué ciertos individuos afirmamos, a veces con orgullo y a veces en voz baja, que somos intersex, o intersexuales? ¿Acaso no nos basta saber que somos personas? Algo similar surgió durante la capacitación en Conapred en noviembre pasado; una de las personas de atención a quejas, intentando reconocer el valor del grupo que acudimos a dar nuestro testimonio, comentó que no debería importar que seamos intersexuales, al final todxs somos personas. Finalmente, en la sesión de la tarde se dio un acercamiento de una participante, y su comentario iba en la misma tónica: no debería ser importante nuestro origen social, nuestra preferencia sexual, nuestro color de piel, etcétera, sólo debería importar que somos personas.

El tema no es sencillo, y no espero agotarlo en esta publicación. Pero creo que es importante abordarlo, por su trascendencia. Aquí vamos:ETIQUETAS.jpg

Debido a la transgresión a la concepción social de “sexo igual a género” que implica la manifestación natural de nuestros cuerpos diversos, resulta muy fácil (en el contexto de una civilización occidental que sigue debatiéndose en la lucha por la libertad del ser humano) ser el blanco de definiciones dadas por otros. Al caer el siglo XIX, el término hermafrodita comenzó a emplearse de forma repetida para referirse a nosotrxs como individuos por parte de los médicos de la Inglaterra victoriana; y por ahí de la década de los años 50 del siglo XX, cuando la mirada de la sexología se topó con nosotrxs (nombre clave: John Money, más sobre el tema en futuras entregas), surge el término intersex como una alternativa menos ofensiva pero no por ello menos estigmatizadora, por lo menos dado el momento histórico que se vivía (es importante mencionar que la intersexualidad era hasta hace apenas 36 años un tema abordado de forma exclusiva por la mirada clínica, hasta que surgió el grueso del movimiento activista intersexual); en 2006, surge un nuevo término, probablemente el más desafortunado de todos en la medida en que parece haber sido el intento más bienintencionado hasta ese momento por mitigar el estigma social, pero sin renunciar, por desgracia, a ese enfoque médico que insiste en mirar la intersexualidad como un tópico clínico, una patología, en vez de reconocer que se ha convertido en un tema de derechos humanos y de reconocimiento de la diversidad natural del cuerpo humano, más allá de los problemas de salud reales que puedan asociarse a las variaciones intersexuales. Dicho término fue el de trastornos desórdenes en el desarrollo sexual (DSD por sus siglas en inglés). Este término, que supone que la sexualidad humana manifestada en cuerpo e identidad está restringida a la dicotomía masculino-femenino, fue muy pronto rechazado por muchxs otrxs activistas intersex, y de repente, de forma irónica, el término que había tenido una carga desfavorable adquirió un nuevo significado y una nueva connotación. Intersexual se volvió un término más humano y menos clínico. Esto representa todo un acontecimiento, pues se trata de una re-apropiación del término desde nuestra óptica, no de la de otros. El acto en sí representa una afirmación de nuestra experiencia corporal, independientemente de si nuestros cuerpos han sido intervenidos o no.

Ahora bien, ¿hasta cuándo seguiremos llamándonos así? Mi humilde opinión es: hasta que deje de ser necesario. El primer propósito del activismo intersex es conseguir que la comunidad intersexual tenga visibilidad, que sus voces y sus demandas por el respeto a sus derechos humanos se escuchen, y a partir de un diálogo constructivo se propicie la creación y modificación de mecanismos legales y oficiales que refuercen y protejan nuestros derechos. La etiqueta resulta necesaria para que se dé esta visibilidad. Sin embargo, si nos ponemos a pensar en el proceso que implica la fabricación de los mecanismos mencionados, la etiqueta sale sobrando. Nadie espera que una norma oficial o una ley defienda el derecho de los intersexuales a tener autonomía sobre su cuerpo desde el momento de su nacimiento; lo que se espera es una ley que defienda el derecho de las personas a tener autonomía sobre su cuerpo, incluso desde su nacimiento.

Una vez que los derechos que hoy son vulnerados una y otra vez en las clínicas y hospitales por parte de médicos que se arrogan el derecho de modificar el cuerpo de un bebé intersexual perfectamente sano, bajo la racionalización de que es necesario asignarle un género e intervenir el cuerpo para que su desarrollo sexual sea congruente con el entendimiento heteronormativo, o con el argumento de mitigar la ansiedad y la preocupación de padres de familia sobre la identidad de género y/o la orientación sexual y/o el aspecto físico de sus hijxs; solo entonces parece admisible que la etiqueta intersex caiga en desuso, como el recuerdo de una época de desfase entre las prácticas médicas surgidas en la mitad del siglo XX y los avances en derechos humanos del XXI.

Hermafroditas los dinosaurios de Parque Jurásico; yo soy intersex.

Haciendo algunas pesquisas para el blog, me he dado cuenta que esta publicación es necesaria y pertinente. Y es que hay mucha gente que sigue creyendo que existen hermafroditas dentro de la familia del homo sapiens sapiens, y le siguen preguntando a Google cosas que van de lo ridículamente divertido a la ignorancia más rampante.

Zanjemos el tema de una vez por todas.

Aún existen médicos, literatura médica y, lamentablemente, medios sensacionalistas que usan el término “hermafroditismo” para referirse a los integrantes de la comunidad intersex morbosamente (“¿Es cierto que Zutano es hermafrodita?“) y a la intersexualidad misma a través de una desafortunada definición patológica (“El hermafroditismo verdadero es una afección…“, “El pseudohermafroditismo se caracteriza por un defecto congénito…“). El uso del término se remonta al siglo XIX, por los médicos ingleses que, para describir sus observaciones, emplearon el nombre de Hermafrodito, hijo de Hermes y Afrodita en la mitología griega, de quien la ninfa Salmacis se enamoró y deseó tan fuertemente que pidió a los dioses que nada los separara, lo cual fue respondido, de modo muy creatrivo por esos dioses griegos, uniéndolos en un solo ser de dos sexos (al menos así lo describe Ovidio en su obra “Las metamorfosis”).

Pero volviendo al tema, creo que la única solución es abordarlo con seriedad de una vez y para siempre, y así descartar su uso inadecuado e inexacto.

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El hermafroditismo es una característica biológica presente en varias especies como los caracoles, las estrellas de mar, las tenias, diversos anfibios y una gran variedad de flores y plantas, por citar algunos ejemplos. Dichas especies pueden ya sea producir ambos tipos de gametos o células reproductoras necesarias para la fecundación, o bien cambiar de sexo de vez en vez para el mismo fin (¿recuerdan Parque Jurásico, cuando se dan cuenta que los dinosaurios han podido reproducirse debido a que tenían insertado ADN de anfibios que eran capaces de cambiar de sexo? Bueno, pues no era un invento de Michael Crichton, realmente hay especies de ranas que son hermafroditas).

Por lo expuesto en el párrafo previo, el hermafroditismo existe, pero no en el ser humano, ni en ningún otro de nuestros parientes del filo (phylum) de los mamíferos. El motivo por el cual persiste el uso anacrónico de este término es la presencia de genitales que no encajan en la concepción binaria del sexo, lo que se conoce como “genitales ambiguos”. Ya sea, insisto: por morbo, o por esa desafortunada terquedad, rayana en deliberada soberbia, de algunos miembros de la comunidad médica.

(Por cierto, ¿saben cómo comenzó la infamia de emplear el término “hermafrodita” para referirse a las personas intersexuales? Es una historia para otra publicación…)

La comunidad intersexual a nivel global recomienda enfáticamente NO emplear los términos “hermafrodita” ni “hermafroditismo” al referirse a la intersexualidad o a las personas intersexuales, debido a las connotaciones peyorativas del contexto en que han sido usadas durante largo tiempo. Bien es cierto que algunxs integrantes de la comunidad eligen libremente este término como parte de su identidad, o como desafío a la noción binaria del género, o como parte del activismo en pro de los derechos de las personas intersexuales. Sin embargo, sólo ellxs pueden referirse a sí mismxs de esa manera, y sólo ellxs pueden permitirte o no llamarles así.

Así que ya lo saben, si van a preguntarle a Google si Lady Gaga es hermafrodita, les ahorro el misterio: no lo es. Ahora, ¿quieren saber si es intersexual? Vayan y abúrranla con su pregunta.

Intersexual a los 30 (¿qué?)

A la edad de 30 descubrí que era intersexual. No fue una revelación, más bien la confirmación de algo que mi intuición me había estado sugiriendo desde la adolescencia.

A grandes rasgos, mi historia se resume en tres cirugías antes de los 12, en numerosos seguimientos médicos (algunos dolorosos y otros solo vergonzosos), en una terapia de reemplazo hormonal (que trajo consigo una miomatosis y una menarca, las dos a los 34), y en un prolongado y completo silencio al respecto.

Lo doloroso del descubrimiento no fue cobrar consciencia de los hechos en sí. Ni siquiera tuve oportunidad de ponderarlos con calma: el descubrimiento se sumó a una gran fiesta llamada “crisis de identidad” a la que todo mundo (o todos en mi mundo, al caso es igual) estuvo invitado. ¡Hey, no sólo no sé por qué elegí hacer lo que hago ni trabajar en lo que trabajo, sino que además no tengo la más puñetera idea de por qué nadie me consultó si estaba de acuerdo con ser mujer y que le fabricaran al mundo una vagina en mi cuerpo!

Bueno, por dramático que se luzca, así me sentí por mucho tiempo… no, así me siento aún de vez en cuando…

El camino que hacia la reconciliación con unx mismx no es sencillo. Implica, para comenzar, la aceptación de sí mismx. Después de eso, viene el proceso de “salir del clóset”, hacernos visibles dentro de la comunidad intersexual, y hacer visible esa comunidad, articularla. Escribir la historia propia me parece que es un hito importante en ese proceso.

Compartir nuestras historias sirve para conocernos, para descubrir lo mucho que tenemos en común. También sirve para comprender esa “transgresión” a la concepción binaria del género y del sexo, esa “amenaza” al status quo por el simple hecho de existir (más sobre el tema, en otro momento). ¿A cuántos se nos enseñó que existía la intersexualidad en la escuela? A mí no. Por eso la sorpresa cuando descubro que soy algo -que soy alguien- que nadie me había dicho que podía ser -que era, que soy-. Esta cerrazón a la diversidad misma de la naturaleza humana es causa de mucha discriminación y de muchos maltratos a personas de la comunidad que viven en condiciones de por sí vulnerables por la misma sociedad en que vivimos. En la experiencia de vida de una persona intersexual se manifiestan vivencias negativas que dejan una huella, a veces una herida abierta, en lo íntimo o en lo familiar, pero siempre por algo detonado desde el orden social.

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Bandera del orgullo intersexual, diseñada por OII Australia

No pretendo ser una experta en la materia. De hecho, enfatizo: no soy una experta en la materia. Soy una persona intersexual, pero tengo mucho qué aprender de mí misma todavía. Con este blog busco dar un testimonio de mi experiencia, totalmente subjetiva, en el contexto de una sociedad con una incipiente apertura a la diversidad, pero todavía sometida por los prejuicios y la ignorancia. La sociedad, para que cambie, necesita que le enseñemos, y que le digamos que aquí estamos, que siempre hemos estado, que no somos una moda, no somos “una ideología de género” ni mucho menos una condición médica.

En la medida de lo posible, te invito a que compartas tu historia personal, porque tengo la siguiente certeza: que escribir y publicar tu historia es un acto de liberación personal, y de gran relevancia para conocerte mejor y reconciliarte con tu pasado.

¿Quieres conocer mi historia? Puedes leerla en el blog de Laura Inter, una querida amiga que inició el proyecto Brújula Intersexual. Fue gracias a su sitio y a la comunidad en torno de ella que este mismo blog ha cobrado forma. Aquí el enlace: Historia rota.

Mi objetivo, en resumen, es reforzar los vínculos entre la comunidad intersex, a través de  este blog, y estrechar lazos con otres que andan por ahí, haciendo ruido en nuestro idioma,  con propósitos similares.

Te deseo bendiciones en tu camino diario.

Intersexualidad: hechos.

Esta publicación es una síntesis de la Ficha de datos sobre intersexualidad de la ONU. Recomiendo su lectura detenida y su difusión.

Mi intención ha sido extraer lo esencial de dicho documento (que en sí es breve y conciso) para adentrarse en un aprendizaje serio sobre las distintas dimensiones a considerar sobre la intersexualidad.

No está por demás enfatizar que cuando hablamos de intersexualidad, hablamos de personas, seres humanos que viven su vida en la forma más productiva que pueden, superando los mismos obstáculos que el resto del mundo (y un poco más), con sentimientos y aspiraciones que deben ser respetadas.

Sugiero enormemente echar un vistazo a los enlaces dentro del texto, a fin de sensibilizarse aún más de los temas abordados por la ficha de datos.

  • Ser intersexual.

Las personas intersexuales nacen con caracteres sexuales y variaciones naturales del cuerpo que, en su conjunto, no se corresponden con la noción binaria del cuerpo humano (es decir, sólo femenino o sólo masculino). Estas características no siempre son visibles al nacer, por lo que muchas personas no descubren que son intersexuales sino hasta la adolescencia o incluso la edad adulta.

Los rasgos intersexuales no son tan raros como uno podría pensar: hasta 1,700 personas en una población de 100,000 los tienen.

Una persona intersexual puede tener cualquier preferencia sexual, e identificarse bajo cualquier género. O ambos. O ninguno.

En distintos grados, en todas las sociedades del mundo se estigmatiza y reducen los derechos humanos de las personas intersexuales tan solo por la percepción de que sus cuerpos son diferentes.

  • Integridad física.

Se ha hecho común intervenir quirúrgicamente y tratar médicamente los cuerpos de las personas intersexuales, con la intención de ajustar sus rasgos físicos a la definición estereotípica del cuerpo humano (masculino-femenino). Dichos procedimientos son irreversibles y se hacen a una edad temprana, sin que haya posibilidad de que la persona dé su consentimiento, a menudo forzando la decisión de los padres con argumentos sobre supuestos beneficios para la salud. La realidad es que dichos procedimientos se traducen en consecuencias tales como dolor, incontinencia, esterilidad, pérdida parcial o total de la sensibilidad sexual, y sufrimiento mental constante.

La integridad física es comprometida por estos procedimientos, los cuales son justificados por diversos factores culturales y creencias sobre la integración de las personas intersexuales a la sociedad, conforme a los estereotipos prevalecientes. Los Estados deben combatir efectivamente tales prejuicios.

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Libres e Iguales.
  • Discriminación.

Un aspecto a considerar es la práctica discriminatoria en distintos contextos, debido a que se considera que las personas intersexuales no se adecuan a las normas sociales de género. Se ven limitados así el derecho a servicios de salud, a servicios públicos, educación, empleo, deportes, etc. Los trámites en documentos de identidad oficiales también representan un factor que deriva en una práctica discriminatoria al forzar a elegir una casilla para “masculino” o “femenino”. Los profesionales sanitarios no suelen estar preparados para atender las necesidades de las personas intersexuales, lo cual también amenaza el respeto a la autonomía de su cuerpo. Atletas intersexuales de género femenino han sido sometidas a escrutinio por su condición intersexual, sin que esto aporte ni afecte su desempeño per se.

  • Protección y reparación.

Es necesario proteger los derechos humanos de las personas intersexuales de las violaciones que prevalecen. Así mismo, deben tener acceso a recursos efectivos que aseguren una compensación y reparación de los perjuicios.  No menos importante es la participación de personas intersexuales en leyes y mecanismos para aplicarlas que garanticen la protección de sus derechos, como casos recientes que se han dado en Australia y Malta.