Primum non nocere (o sobre lo irreversible)

A los padres de niñxs intersex que se debaten entre autorizar o no las intervenciones médicas sobre el cuerpo de sus hijxs.

Una de las mayores zozobras de muchos padres de niñxs intersex que se han decidido por autorizar las intervenciones médicas en el cuerpo de sus hijxs para alterar sus características sexuales, es el no saber qué ocurrirá a partir de ello. “¿Habremos tomado la decisión correcta?“. “¿Podríamos haber esperado un poco más?“. “¿Qué le diremos a la familia?“. Todas son preguntas que merodean por su cabeza sin cesar.

He leído comentarios en distintos foros en Internet (sobre todo grupos de apoyo en Facebook) donde hay padres que defienden a ultranza la decisión tomada, con una pasión que me hace pensar en alguien que siente culpa, pero que busca creerse que tomó la mejor decisión algo a base de repetirlo. Y lo planteo así, porque dentro de su argumento dicen saber que hay una gran probabilidad sus hijxs les echen en cara la decisión tomada en el futuro. Su defensa: que han actuado desde el amor.

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No digo que no sea cierto. Al menos la parte del amor la creo por completo. Pero, desde mi perspectiva, su argumento es una racionalización para evadir la realidad inobjetable de que, al haber permitido la práctica de cirugías sobre el cuerpo de sus hijxs, tienen la noción de haber permitido que se trastocara para siempre y de forma irreversible no solo la forma natural (y por demás saludable) de su cuerpo, sino la parte de la psique que se construye y se vive desde el cuerpo.

A veces me pregunto, ¿cuál es la mejor forma de acercarse a los padres? Luego pienso que no hay una forma única y que el mismo trozo de información que puede ser clave para que algunos digan no a las intervenciones, puede ser irrelevante para otros que sigan cerrados en sus miedos y ansiedades. Ya por no hablar de los prejuicios y la homofobia subyacente en las racionalizaciones con que justifican sus decisiones

Quisiera poner a consideración de los padres una reflexión: existe un principio médico que surge de una alocución latina comúnmente atribuida a Hipócrates.

Primum non nocere, es decir, Ante todo no hacer daño

Lxs activistas intersex a menudo nos vemos en la penosa necesidad de recordarle a los médicos que este principio implica repensar el efecto de sus acciones y decisiones en lo que toca al tema de los procedimientos de normalización de las variaciones en las características sexuales a que someten a menores de edad y personas intersex en general. Como ha quedado más que establecido no solo por nosotrxs como comunidad, sino desde el programa Libres e Iguales de las Naciones Unidas, “estos procedimientos, que suelen ser irreversibles, pueden producir esterilidad permanente, dolor, incontinencia, pérdida de la sensibilidad sexual y sufrimiento mental de por vida, incluida la depresión.” (Libres e Iguales, 2016, Ficha de datos: Intersex).

Aunque he escuchado de casos de terror donde los médicos llevan a cabo su práctica con una total falta de ética y de respeto a la dignidad de la persona, así como a los padres de familia de niñxs intersex, es mi creencia personal que una considerable mayoría de los médicos no obran ni aconsejan de mala fe, sino que se dejan llevar por prácticas heredadas por catedráticos y sus superiores en los hospitales. Dicho lo anterior, muchos de ellos no cuestionan en lo más mínimo el efecto dañino que los protocolos médicos tienen en el menor de edad cuyo cuerpo recomiendan normalizar (es decir, moldear sus características sexuales para que se asemejen a los de un cuerpo típicamente femenino o masculino). No tienen la menor idea del infierno en cuya ruta ponen a hijx, padres y familia.

Lo que intento es concientizar a los padres del papel vital que juegan desde el momento mismo del nacimiento de su hijx intersex: al decantarse por las cirugías, es decir la normalización del cuerpo de su hijx, suponen que se evitarán problemas, bochornos, estigmas, burlas, etcétera. Parece la opción fácil. Pero en realidad, es la opción más dolorosa de todas y la que más daño provoca. Basta leer cualquier testimonio de un adulto intersex para constatarlo. Seguir la recomendación clínica en ese sentido no lo más sensato, por más intransigente que sea la reacción del médico que atienda. Los padres tienen el deber de velar por la integridad de su hijx, y de hacer respetar el derecho a decidir sobre su cuerpo. También tienen un deber hacia su salud: condiciones conocidas como la Hiperplasia Suprarrenal Congénita (HSC, o CAH por sus siglas en inglés), asociada a la intersexualidad, puede en varios casos acarrear una pérdida de fluidos que debe ser atendida. Pero, aunque suene repetitivo, es importante como padres que aprendan a distinguir entre una urgencia médica y una confrontación con los prejuicios y las creencias tradicionales. La intersexualidad no es una enfermedad, sino una variación natural de las características sexuales. No hay por qué temerle.

Ante todo, no hacer daño. Algunos médicos hoy día son más conscientes y sensibles sobre la realidad de las personas intersex, y es posible que sean más informativos y respetuosos en vez de impositivos, como lo han sido en el pasado y muchos lo siguen siendo en el presente. Pero al final ustedes, padres de niñxs intersex a quienes me dirijo, son quienes juegan como el fiel de la balanza. Su responsabilidad no es para con la sociedad ni para con el médico: es para con la felicidad de su hijx. ¡Dense la oportunidad de descubrir quién es esa personita entre sus brazos! Y denle la oportunidad de descubrirse a si mismx. Superen juntxs miedos y prejuicios. Y exploren los infinitos alcances del amor.

Historia rota. Por Hana Aoi (persona intersexual)

Gracias a Laura Inter, por ser fuente constante de inspiración, y por su amistad. Fue gracias a su insistencia en pedirme la traducción al inglés de la versión original de este texto que tuve el valor de explorar de nuevo el pasado, con una mirada más serena y el deseo de que otrxs puedan identificarse y que sepan que siempre existe la esperanza de trascender al dolor y ser unx mismx.

Brújula Intersexual

Historia rota.

Por Hana Aoi (E-mail: aoihana.1981@gmail.com. Website: Vivir y Ser Intersexual)

Versión editada y actualizada del texto publicado también en Brújula Intersexual bajo el mismo nombre.

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Es un abismo sideral, un vacío inmenso de una oscuridad y un silencio insoportables. No se ve nada. No se oye nada. Pero ahí se encuentran los fragmentos de una historia pendiente de articular.

Denegar el pasado representa una grave afrenta, ya sea porque es unx quien vive en la negación, o porque son los seres queridos que cuidaron de unx cuando se era una criatura quienes viven en negación. Muchos me han dicho: “Lo pasado, pasado está. Ya no mires atrás. Enfócate solo en el presente”. Aún así, al ser intersex, ignorar la historia del nacimiento de unx acarrea una serie de eventos y consecuencias en la propia vida que desembocan en problemáticas de las que, como si nada, se…

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Lxs niñxs están bien

Una de mis mayores preocupaciones cuando pienso en los bebés intersex es la maraña de emociones encontradas que experimentan sus padres cuando sus hijxs son diagnosticadxs. Siento una propensión inmediata a ponerme en su lugar y pensar en cómo ayudarles a canalizar sus sentimientos y sus temores, y prevenirles de tomar una decisión irreversible.

Una decisión que, además, realmente no les corresponde tomar.

Cuando yo nací, mis padres no tenían mucha noción de que las decisiones que tomaron en nombre mío fueran las “correctas”. Ser padre de familia es una responsabilidad inmensa. Ya no se trata de ti; todo gira en torno a tu(s) hijx(s). Y por tal razón, cualquier decisión puede ser una espada de doble filo para su bienestar presente y futuro. Es difícil prever los resultados, sin importar cuán bienintencionadas sean las acciones que realizas. Tal fue el caso de mis padres: creyeron de corazón que actuaban bien, porque actuaron desde el amor. Pero también desde el temor. Carecían de información, sólo existían los prejuicios y  nadie estuvo ahí para asesorarlos, aparte de los “expertos”, quienes los urgieron a seguir sus recomendaciones. Mis ovotestes “potencialmente cancerígenos” fueron extirpados, y mis genitales “ambiguos”, operados para lucir y funcionar de forma “normal”. Esa era la forma de ver las cosas en ese tiempo, y solo puedo imaginar la angustia y la desorientación que sintieron. Y el alivio momentáneo, mientras era muy pequeña, porque “no me daba cuenta”.

Hace unos meses, en una de las ocasiones que volvimos a abordar el tema de mi nacimiento (ya con más serenidad, en comparación con la primera vez que fue tan tormentosa), mi madre confesó haberse sentido culpable por la posibilidad de haber tomado la decisión equivocada. Por otro lado, reconoció que en ese momento no tenían a nadie más a quien recurrir. Solo muy pocas personas en la familia supieron, porque de verdad, ¿cómo soportar el peso de un secreto así? Hoy me resulta simple argumentar que esto no tiene por qué ser un secreto; que solo era que mi cuerpo era distinto, y que no había nada de qué preocuparse. Que el estigma lo podemos terminar nosotrxs mismxs, dando visibilidad a la intersexualidad, acabando con prejuicios, educando, informando.  Pero dado que los “expertos”, es decir, los médicos, solo vieron una patología en mis características sexuales, la noción germinó en la mente de mis papás, succionando la felicidad de mi nacimiento y convirtiéndola en preocupación, ansiedad, desconcierto, y miedo. Mucho miedo.

Y percibo que en el presente, en esta latitud del mundo donde los prejuicios en torno a la diversidad humana perviven, donde asumir la diferencia te pone incluso en riesgo de muerte, muchos padres, incluso aquellos que han buscado ayuda y que han recibido información, siguen llevando a sus bebés a la plancha, arrebatándoles el derecho a decidir solo porque no conciben que el cuerpo de sus peques sea diferente a lo que ellos estaban esperando.

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De la campaña “Libres e iguales” de las Naciones Unidas para la Visibilidad Intersex

Crecer siempre ha sido complicado. En este mundo polarizado (que siempre lo ha sido, solo que apenas hoy cobramos consciencia de ello), la sensación de vivir en medio de una creciente violencia nos hace buscar un refugio. Esta necesidad es fundamental en el caso de muchos padres de familia, que perciben cómo la sociedad solapa y a veces hasta promueve la intimidación y la agresión hacia los niños que son distintos,  a manos de otros niños y de adultos intolerantes que creen que se rigen bajo principios morales cuando realmente sólo se conducen por prejuicios y creencias dogmáticas. Idóneamente, los padres tratan de ayudar a sus hijos a superar estas dificultades a fin de que su vida no sea más complicada de lo que de por sí la vida lo es. Ahora agreguemos el elemento intersex a las vivencias de esx niñx. ¿Cómo brindarle seguridad sobre si mismx, cómo enseñarle a defenderse en la vida? Todavía mi madre me pide encarecidamente que me cuide, porque sabe que tengo potenciales problemas de salud en un futuro, debido a los procedimientos a los que fui sometida. Pero me lo pide también porque desea mi seguridad física, porque sabe que afuera hay personas que se dejan llevar por el miedo y la intolerancia. No es ingenua: ha vivido el tiempo suficiente para saber que el mundo es un lugar tremendamente complejo, y en el cual hay muchos horrores. Pero confía en mi. ¿Acaso no es eso lo más valioso?

Solo puedo pensar que la seguridad de un niño proviene de la completa aceptación de sus padres a lo que constituye la esencia de su persona. Y el cuerpo, la experiencia de vida que el cuerpo nos proporciona, es especialmente importante en lxs niñxs intersex. Uno puede desear protegerlos todo el tiempo, toda la vida. Lo sé porque lo he vivido. Pero al final, unx tiene que vivir la vida por unx mismx, y defenderse a sí mismx, y pavimentarse su propio camino a la felicidad y a la plenitud. ¿No es ese el deseo final de un padre de familia?

Algo muy aparte es la atención médica que merezcan las condiciones específicas asociadas a ciertas variantes intersex. Por ejemplo, en los casos de HSC en forma perdedora de sal, donde realmente la salud (y la vida) de la criatura está en juego. Pero es importantísimo aprender a distinguir entre lo que son situaciones de salud y los temores que surgen por la diferencia en las características sexuales. Es decir, aprender a distinguir entre preocuparse por atender la salud de unx niñx intersex, y a desprenderse de prejuicios y miedos sobre las diferencias completamente sanas y naturales de su cuerpo.  

La base de un cambio real reside en la confianza que tengan los padres de los bebés intersex al recibirlos entre sus brazos. Desde ahí se puede avanzar mucho, en la medida en que la comunidad médica persiste en su cerrazón, y un cambio inmediato a nivel social resulta utópico. En cambio, la confianza de los padres de familia acerca de la diferencia de su bebé intersex, completamente saludable y natural, puede ser construida  de muchas formas, dejando así una marca positiva en la vida de esa familia. Pese a que existe mayor difusión, sigue faltando que los padres entren en contacto con personas que, de forma positiva y con empatía, les confieran la sensación de respaldo y comprensión, y les acompañen durante el proceso de externar sus miedos, preocupaciones, sentimientos encontrados, a fin de ayudarles a cobrar consciencia de que su bebé está bien como ha nacido. Si bien hay un montón de barreras sociales que habrán de atravesar, es necesario que consigan comprender que siempre va a haber una barrera que queramos evitar. Pero en lo que toca a su persona, es mejor entonces abordar el tema con aceptación, bien informados, amorosamente y con la certeza de que uno no tiene que adaptarse a la miopía de la sociedad sobre el cuerpo de su bebé. Aprendiendo así, de paso, a apreciar las infinitas posibilidades que surgen desde la aceptación total de la diversidad humana.

Sobre tomar una decisión prematura por miedo.

De antemano reconozco mi derrota en este punto: los padres son quienes tienen la última palabra cuando se trata de la salud de su bebé.

Sin embargo, ¿es la salud realmente el foco de atención cuando se trata de un bebé intersex?

Quiero abundar un poco en mi propia experiencia, sobre la vivencia de mis padres cuando decidieron confiar ciegamente en el consejo de los médicos de ser intervenida quirúrgicamente.

Yo nací con ovotestes. Y me dirán, ¿qué son los ovotestes? Todas las personas poseemos tejido ovotesticular alrededor de la séptima semana de gestación. Nuestras gónadas se desarrollan a partir de ese tejido y toman forma definitiva como ovarios o testículos. En mi caso, mis gónadas se quedaron con ese tejido primordial; a estas gónadas se les da el nombre de ovotestes (singular ovotestis u ovotestículo).

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La razón por la que comparto esto es porque cuando nací, la “ambigüedad” genital con que nací no resultó desagradable a los  ojos clínicos del obstetra que trató a mi madre, por lo cual fui a casa, sólo para ser admitida en un hospital de alta especialidad del gobierno mexicano porque mi madre, que ya había tenido dos hijas previamente, sabía que algo estaba fuera de lugar. Con franqueza, no creo en absoluto que mi madre creyera que hubiera algo anormal en mí, pero sí se sintió alarmada porque nunca había visto los genitales “ambiguos” de un bebé intersexual. Entonces la batería interdisciplinaria de médicos especialistas hizo cónclave y decretó aplicar el protocolo de Money, explicando que yo tenía una condición patológica llamada “hermafroditismo verdadero” (que ni es hermafroditismo ni es verdadero, y lo cual se explica en una publicación anterior) y convenciéndolos de llevarse el paquete de cirugías para “prepararme para la vida” bajo el invencible argumento de que “era en mi mejor interés y para prevenir un posible cáncer”.

No voy a mentir: es cierto que existe una incidencia del 3% de cáncer (gonadoblastomas) en el tejido ovotesticular. Es cierto que al oír “cáncer”, la gente salta por un muy racional miedo a la muerte. ¿Quién quiere un cáncer para un recién nacido? Lo cierto es que, dada la muy baja incidencia de gonadoblastomas en tejido ovotesticular, la decisión de intervenir a una criatura de semanas de nacida necesita ser repensada. Ahora, mi caso es raro incluso entre las personas intersexuales. Entonces, ¿qué necesidad existe de llevar a la plancha quirúrgica a un bebé intersexual?

Quizá extirparme las gónadas fue una decisión acertada. Quizá yo habría optado por ese camino para mí misma. Quizá no. Pero el resto de cirugías y tratamientos a los que fui sometida después, eso sí fue totalmente innecesario. La opción me fue arrebatada. Desde luego, los médicos no informaron a mis padres, porque su protocolo les indicaba que lidiaban con una patología. Nada más falso…

El aspecto que intento destacar es que es necesario que los padres de bebés intersexuales combatan al miedo que conlleva la creencia de que los rasgos innatos intersexuales representan una amenaza intrínseca a la salud del bebé. Si bien es cierto que algunos tratamientos pueden ser recomendables y que debe dársele seguimiento a la salud del bebé durante su desarrollo, invadir el cuerpo a través de una cirugía de consecuencias irreversibles (esterilidad, incontinencia, insensibilidad sexual, incluso depresión por mencionar algunas) no debe ser la primera opción, salvo por las muy contadas excepciones donde hay una amenaza real a la salud del bebé.

De la misma forma, es crucial que con el curso de los años, esx niñx intersexual vaya siendo informadx de su condición innata y se le incluya en la toma de decisiones sobre su propio cuerpo, respondiendo sus dudas e inquietudes. Para ello, es indispensable que los padres busquen información y apoyo en verdaderos expertos, en personas que hayan atravesado experiencias similares, y que acepten la belleza manifestada en la diversidad de su bebé. La diferencia, sutil pero muy relevante, es que esx niñx vaya de poco a poco cobrando consciencia de su cuerpo como es, aceptándolo, amándolo, y creciendo así plenamente como ser humano.

El Informe del Relator Especial.

Muchos miembros de la comunidad médica y personas desconocedoras de los temas del activismo intersexual seguramente creerán absurdo que las intervenciones quirúrgicas realizadas en bebés, niñxs, adolescentes e incluso adultos intersexuales constituyan malos tratos e incluso sean equiparables a la tortura como práctica sistemática.

La realidad es que desde hace muchos años, décadas, siglos incluso, la comunidad médica se ha erigido como uno de los bastiones clave de la sociedad occidental y de las sociedades periféricas a ella (como, por ejemplo, las de nuestros países de habla hispana). No es una afirmación hecha a la ligera. En Fixing Sex: Intersex, Medical Authority and Lived Experience (Karkazis, 2008), la autora establece que el conocimiento biomédico ha sentado las bases para la distinción de los sexos, especificando las características que permiten clasificar al ser humano ya desde la era victoriana, a fines del siglo XIX, dando lugar así a la sociedad para que tenga elementos sobre los cuales reforzar sus nociones culturales y disipar su ansiedad sobre la composición del cuerpo humano en el juego de definiciones de género, de sexo, de deseo sexual y de comportamiento social. Tomando lo anterior como punto de partida, y sin ánimo de simplificar el dilema, es comprensible que la comunidad médica haya ganado un gran poder sobre la sociedad en lo que respecta a muchos temas concernientes a la salud, y el derecho a decidir qué corresponde a una categoría patológica y qué no, siempre desde su lente clínico. Pero como Leslie Jaye nos comparte en Quiero un lenguaje que hable con la verdad, la realidad es que muchos médicos siguen operando los cuerpos de las personas intersexuales, siendo ellos quienes en mayor medida deciden la conveniencia de asignar género y sexo heteronormativos (es decir, un género y un sexo que coincidan de acuerdo a la noción binaria de la sexualidad). Algún amigo un día me expresó su desacuerdo a una observación que hice, refiriéndome a dichos médicos como “personas con complejo de Dios”. Sería míope no reconocer que, en realidad, es a eso a lo que siguen jugando con los cuerpos de seres humanos cuya salud a veces pasa a segundo término por no tratarse de emergencias médicas (una gran mayoría de las características biológicas de personas intersexuales realmente no constituyen una amenaza a su salud o su vida, solo en algunos casos teniendo debidos cuidados). Queda de esta forma expuesta una realidad incómoda: que muchos médicos en países donde se han dado grandes avances en el reconocimiento a la autonomía del cuerpo de las personas intersexuales (y casi todos en otros donde apenas estamos luchando por ganar la visibilidad, que es el reconocimiento de nuestra existencia) siguen interviniendo sin tener el derecho a hacerlo, por más que las leyes (o las lagunas legales) vigentes y los prejuicios sociales los validen.

juan_mendez_-_chatham_house_2012El Informe de Juan E. Méndez, Relator Especial sobre la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes, adscrito al Consejo de Derechos Humanos de la ONU, fechado el 5 de enero de 2016, se enfocó en los casos de las comunidades lésbica, gay, bisexual, transexual e intersexual. Recomiendo ampliamente su lectura, debido a que ofrece una perspectiva inclusiva sobre la vulnerabilidad de estos grupos poblacionales, y cómo los prejuicios y los estereotipos pervaden de forma negativa sobre el comportamiento de grupos mayoritarios de la sociedad hacia nuestras comunidades.

Resalto a continuación los aspectos del informe que a mi juicio son de mayor interés para la comunidad intersexual:

  • A las personas intersexuales se les ha sometido a procedimientos involuntarios tales como tratamientos hormonales e intervenciones quirúrgicas de normalización genital bajo la apariencia de “tratamientos reparadores”. Desde la perspectiva puramente médica, estos procedimientos resultan ser rara vez innecesarios (si no es que nunca), que traen consigo dolor y sufrimiento físico y mental intenso y crónico, equiparables al alcance del relator, esto es, equiparables a la tortura y a malos tratos.
  • En muchos Estados, los niñxs con características sexuales que no se ajustan a la definición binaria (“caracteres sexuales atípicos”, debatiblemente los denomina el Relator) son sometidxs a prácticas irreversibles como operaciones de reasignación de sexo, esterilizaciones involuntarias e intervenciones cosméticas para normalizar sus genitales (es decir, ajustarlos a la imagen de lo que la sociedad espera que sea masculino o femenino), sin el consentimiento informado de los padres, ya por no decir de lxs propixs niñxs. Esto contribuye a su estigmatización, y conlleva un gran sufrimiento psíquico. En algunos Estados, por la prevalencia de tabúes y estigmas, se llega al asesinato de lactantes intersexuales.

Al final del informe, el relator enlista una serie de conclusiones y recomendaciones a los Estados miembros de la ONU, obligados a prevenir y combatir la violencia de género y la discriminación hacia las comunidades LGBT e I, dejando muy en claro que tales actitudes son equivalentes a tortura y malos tratos, presentes en contextos públicos (regulados por el Estado) y otros (privados, etc.) Una de las recomendaciones menciona que debe derogarse cualquier ley que autorice la intervención quirúrgica con fines de normalización genital forzada, o sin el consentimiento libre e informado del paciente (no paciente en función de padecer una condición patológica, sino paciente en función de ser tratado como tal).

No podemos, como sociedad, seguir cerrando los ojos a la realidad de que estamos permitiendo que nuestros miedos y prejuicios se impongan a los derechos de los intersexuales recién nacidos. El principal derecho de nuestra comunidad es el derecho a la autonomía del cuerpo, es decir, a decidir cómo vivirlo, a tomar parte de las decisiones sobre la pertinencia de cirugías cosméticas (llamadas “normalizadoras” por el relator). Mientras la inmensa mayoría de la comunidad médica niegue a reconocer la existencia de este derecho, se obstine en imponer su opinión particular sobre la asignación de género y de sexo, incluso persista en discriminar a los propios padres por su origen socioeconómico o formación académica para así justificar el sus acciones, y mientras la sociedad no vea y desconozca a la comunidad intersexual (o la conozca pero mire hacia otro lado para validar implícitamente y volverse cómplice de esta violación), seguiremos siendo testigos de más relatorías sobre este tipo, y seguiremos conociendo de historias de personas intersexuales aquejadas por las “atinadas” intervenciones padecidas y sus consecuencias físicas y mentales.

Intersexualidad: hechos.

Esta publicación es una síntesis de la Ficha de datos sobre intersexualidad de la ONU. Recomiendo su lectura detenida y su difusión.

Mi intención ha sido extraer lo esencial de dicho documento (que en sí es breve y conciso) para adentrarse en un aprendizaje serio sobre las distintas dimensiones a considerar sobre la intersexualidad.

No está por demás enfatizar que cuando hablamos de intersexualidad, hablamos de personas, seres humanos que viven su vida en la forma más productiva que pueden, superando los mismos obstáculos que el resto del mundo (y un poco más), con sentimientos y aspiraciones que deben ser respetadas.

Sugiero enormemente echar un vistazo a los enlaces dentro del texto, a fin de sensibilizarse aún más de los temas abordados por la ficha de datos.

  • Ser intersexual.

Las personas intersexuales nacen con caracteres sexuales y variaciones naturales del cuerpo que, en su conjunto, no se corresponden con la noción binaria del cuerpo humano (es decir, sólo femenino o sólo masculino). Estas características no siempre son visibles al nacer, por lo que muchas personas no descubren que son intersexuales sino hasta la adolescencia o incluso la edad adulta.

Los rasgos intersexuales no son tan raros como uno podría pensar: hasta 1,700 personas en una población de 100,000 los tienen.

Una persona intersexual puede tener cualquier preferencia sexual, e identificarse bajo cualquier género. O ambos. O ninguno.

En distintos grados, en todas las sociedades del mundo se estigmatiza y reducen los derechos humanos de las personas intersexuales tan solo por la percepción de que sus cuerpos son diferentes.

  • Integridad física.

Se ha hecho común intervenir quirúrgicamente y tratar médicamente los cuerpos de las personas intersexuales, con la intención de ajustar sus rasgos físicos a la definición estereotípica del cuerpo humano (masculino-femenino). Dichos procedimientos son irreversibles y se hacen a una edad temprana, sin que haya posibilidad de que la persona dé su consentimiento, a menudo forzando la decisión de los padres con argumentos sobre supuestos beneficios para la salud. La realidad es que dichos procedimientos se traducen en consecuencias tales como dolor, incontinencia, esterilidad, pérdida parcial o total de la sensibilidad sexual, y sufrimiento mental constante.

La integridad física es comprometida por estos procedimientos, los cuales son justificados por diversos factores culturales y creencias sobre la integración de las personas intersexuales a la sociedad, conforme a los estereotipos prevalecientes. Los Estados deben combatir efectivamente tales prejuicios.

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Libres e Iguales.
  • Discriminación.

Un aspecto a considerar es la práctica discriminatoria en distintos contextos, debido a que se considera que las personas intersexuales no se adecuan a las normas sociales de género. Se ven limitados así el derecho a servicios de salud, a servicios públicos, educación, empleo, deportes, etc. Los trámites en documentos de identidad oficiales también representan un factor que deriva en una práctica discriminatoria al forzar a elegir una casilla para “masculino” o “femenino”. Los profesionales sanitarios no suelen estar preparados para atender las necesidades de las personas intersexuales, lo cual también amenaza el respeto a la autonomía de su cuerpo. Atletas intersexuales de género femenino han sido sometidas a escrutinio por su condición intersexual, sin que esto aporte ni afecte su desempeño per se.

  • Protección y reparación.

Es necesario proteger los derechos humanos de las personas intersexuales de las violaciones que prevalecen. Así mismo, deben tener acceso a recursos efectivos que aseguren una compensación y reparación de los perjuicios.  No menos importante es la participación de personas intersexuales en leyes y mecanismos para aplicarlas que garanticen la protección de sus derechos, como casos recientes que se han dado en Australia y Malta.