I ≠ T (intersex no es igual que trans)

A Laura Inter, compañera de muchas batallas.

Intersex no es igual que trans.

Intersex no es igual que transgénero.

Intersex no es igual que transexual.

Intersex es acerca de un cuerpo que nace con variaciones de las características sexuales.

Las cosas como son.

Es un tema que se me hace cansino abordar, pero tengo que hacerlo, porque muy pocas personas lo harán. ¿Por qué? Porque, para comenzar, muchas personas siguen desconociendo el término intersex. Muy pocas personas entienden en qué consiste ser intersex o tener un cuerpo intersex. Pero todos suponen, todos tienen una fantasía. Todos tienen una opinión. Aparentemente, eso es suficiente para abrogarse el derecho de llamarte intersex.

Como si la intersexualidad fuese un tema de identidad autopercibida en discordancia con el sexo asignado al nacer; no lo es.

Entiendo por qué muchas personas (personas trans incluidas) pueden pensar eso. Después de todo, muchas personas intersex fueron forzadas a una identidad de género junto con intervenciones médicas de normalización genital y corporal. Algunas personas intersex también son trans, pero no a causa de las cirugías, sino a causa de la discordancia del sexo de asignación al nacer respecto a su identidad y/o expresiones de género. Lamentablemente, muchas personas trans encuentran consolador o útil para si mismas el identificarse como intersex (aunque no lo sean) en algún momento de su proceso íntimo de conciliar su identidad respecto a la asignación de sexo en su infancia. El problema, pues, es que confunden la violencia médica de quienes hemos sido intervenid*s quirúrgicamente y forzados a depender de una terapia de remplazo hormonal en nuestra infancia y adolescencia con la imposición social de un sexo al nacer. Confunden el estigma que tuvimos que vivir las personas intersex en nuestros años formativos (y que muchos siguen viviendo en la edad adulta, incluso en una época en apariencia tan liberal como esta) con el rechazo que esta misma sociedad les sigue mostrando.

Reconozco el sentimiento de empatía que puede manifestarse y la manera en que pueden sentirse relacionadas e identificadas con la experiencia intersex, pero no es lo mismo que haber vivido la violencia tan desgarradora en lo íntimo que implica la mutilación y la conformación artificial impuestas sobre el propio cuerpo. No hay nada glamuroso ni reivindicativo de la identidad en haber sido sujeto de semejantes agresiones, a una edad tan temprana que un* no tiene la menor oportunidad de defenderse, de opinar, de negarse o de consentir con libertad, con conocimiento, con información.

Asumirse como intersex sin serlo, solo porque existe un código implícito entre las personas intersex de no indagar demasiado acerca de nuestros diagnósticos al nacer y de nuestras experiencias personales —a menos esto sea compartido en el contexto de un espacio terapéutico, de apoyo entre pares, de empoderamiento personal y lucha política—, me parece no solo una falta de respeto a la batalla que día a día sostenemos las personas intersex para apoderarnos nuevamente de nuestros cuerpos y de nuestras vidas, sino una forma grosera de menospreciar las violaciones a nuestros derechos y reduciéndola en no pocas ocasiones a un tema de identidad de género, y tornando el sentido del movimiento intersex al del simple reconocimiento de identidades de género que nos permitan “orgullosamente identificarnos como intersex”, mientras que cada semana cientos de niños siguen siendo mutilados, en la fría ignominia de los quirófanos validada por la sociedad .

Peggy Cadet y Marc Feldman han apuntado ya esto en su artículo de 2012, “Pretense of a Paradox: Factitious Intersex Conditions on the Internet” (International Journal of Sexual Health, 24(2): 91-96). Durante una observación de 15 años en diversos grupos de apoyo de personas intersex, pudieron apreciar el hecho de que hay muchas personas trans que se presentan como intersex, elaborando a menudo condiciones muy raras —cuando no ficticias o imposibles— para así justificar su presencia. Esta es una situación perceptible también en el activismo, como Daniela Truffer (quien cita a Cadet y Feldman) lo ha señalado en su comentario sobre dicho artículo:

[La existencia de] personas trans que dicen ser intersex para su confort y beneficio personal, y el daño que infligen, tanto en el corto como en el largo plazo, a grupos de apoyo de personas intersex y al movimiento intersex de derechos humanos, es un problema doloroso y que tiene mucho tiempo, a menudo ignorado o trivializado también por algunas personas intersex y sus organizaciones (en mi experiencia, generalmente por aquellos que no fueron sometidos a la mutilación genital en su infancia).

Trans persons posing as intersex (and the damage they do to intersex rights) <http://stop.genitalmutilation.org/post/Intersex-Posers> [Fecha de consulta: 26 de marzo de 2018]

Traducción libre; existe una traducción completa del artículo hecha por Laura Inter, publicada como Personas trans aparentando ser intersexuales (y el daño que hacen a los derechos intersexuales), disponible en Brújula Intersexual.

El daño real, siguiendo la idea de los autores, se produce cuando las participaciones de personas trans que no nacieron con cuerpos intersex pero que fingen serlo o se basan en sus propias interpretaciones de lo que es la intersexualidad, se integran a publicaciones, documentales y otro tipo de productos culturales. Pero todavía más allá: cuando las personas intersex buscan apoyo en estos grupos, y se encuentran con personas trans fingiendo ser algo que no son, solo porque se siente bien para ellas, terminan sintiéndose alienadas y se alejan nuevamente; y en el caso del movimiento intersex, esto puede desalentar a algunos activistas, viendo cómo sus reclamos se diluyen ante los objetivos políticos de quienes emplean la intersexualidad para sus propios fines.

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Compartiendo una experiencia personal, debo admitir que este ha sido mi caso: en varias ocasiones he contemplado alejarme de la labor de divulgación y visibilización de la intersexualidad y de los derechos de las personas intersex, debido a cómo algunas personas trans secuestran el tema, a veces ya sin importar si se autonombran intersex o no; o, peor aún, algunos “aliados” que les dan más credibilidad y espacio a estas personas, solo porque son “visibles”, en la creencia de que la visibilidad es igual a mostrar el rostro y hacerse presente en todos los foros públicos LGBT.

A menudo he reflexionado sobre la pertinencia de que el movimiento intersex marque una distancia del colectivo LGBT+, aunque entiendo el por qué much*s aliad*s insisten en que debemos permanecer unid*s, por un tema de estrategia. Sin embargo, mi reflexión tampoco es original (la opinión de Daniela Truffer es ejemplo de ello). Nuestro vínculo con lo LGBT+ está más dado por una trayectoria histórica del movimiento intersex surgido durante los años 90s en los EE.UU. que por otra cosa. Entiendo que muchas personas intersex se identifiquen con identidades queer que correspondan mejor a su autopercepción, pero eso no equipara intersex con queer. En la encuesta realizada a personas intersex en Australia, publicada en 2016, un 48% de las personas intersex reporta que su orientación sexual es heterosexual; pero eso tampoco equipara intersex con heterosexualidad. Desde la capacidad de pensamiento intelectual del movimiento intersex, tenemos que plantear seria y críticamente lo LGBT en nuestra comunidad como una interseccionalidad más, es decir, situar horizontalmente la identidad y expresión de género y la orientación sexual a la par de otras categorías, como lo son, por ejemplo, la edad, la clase, la nacionalidad y el origen étnico; reconocer, así, que el aspecto común que vincula a las personas intersex son sus variaciones de las características sexuales al nacer, así como las experiencias personales derivadas del estigma que pueden traducirse en rechazo, discriminación y, muchas veces, violencia médica instrumentada a partir de las intervenciones médicas no consentidas. Y, en este sentido, reformular nuestra participación en el movimiento LGBT+, conformando alianzas basadas en el mutuo respeto y reconocimiento, pero emprendiendo, por fin, una denuncia y una lucha independientes, basada en los reclamos a la violencia médica que afecta y marca la vida futura de niños, niñas y adolescentes (lo que, irónicamente, busca prevenir), y educando a la sociedad sobre lo que realmente es la intersexualidad.

Me gustaría invitar a las personas intersex que también son trans, a remarcar el daño que causa la presencia de personas trans que fingen ser intersex en las comunidades y grupos intersex, especialmente en la generación de vínculos de confianza. No se trata de si se sienten cómodas con la idea de ser intersex, como un mecanismo de defensa o una justificación mental de que por eso son trans: se trata de respetar la experiencia de vida de las personas intersex, y de reconocer el verdadero objetivo del movimiento: nuestros derechos humanos.

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