Sobre tomar una decisión prematura por miedo.

De antemano reconozco mi derrota en este punto: los padres son quienes tienen la última palabra cuando se trata de la salud de su bebé.

Sin embargo, ¿es la salud realmente el foco de atención cuando se trata de un bebé intersex?

Quiero abundar un poco en mi propia experiencia, sobre la vivencia de mis padres cuando decidieron confiar ciegamente en el consejo de los médicos de ser intervenida quirúrgicamente.

Yo nací con ovotestes. Y me dirán, ¿qué son los ovotestes? Todas las personas poseemos tejido ovotesticular alrededor de la séptima semana de gestación. Nuestras gónadas se desarrollan a partir de ese tejido y toman forma definitiva como ovarios o testículos. En mi caso, mis gónadas se quedaron con ese tejido primordial; a estas gónadas se les da el nombre de ovotestes (singular ovotestis u ovotestículo).

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La razón por la que comparto esto es porque cuando nací, la “ambigüedad” genital con que nací no resultó desagradable a los  ojos clínicos del obstetra que trató a mi madre, por lo cual fui a casa, sólo para ser admitida en un hospital de alta especialidad del gobierno mexicano porque mi madre, que ya había tenido dos hijas previamente, sabía que algo estaba fuera de lugar. Con franqueza, no creo en absoluto que mi madre creyera que hubiera algo anormal en mí, pero sí se sintió alarmada porque nunca había visto los genitales “ambiguos” de un bebé intersexual. Entonces la batería interdisciplinaria de médicos especialistas hizo cónclave y decretó aplicar el protocolo de Money, explicando que yo tenía una condición patológica llamada “hermafroditismo verdadero” (que ni es hermafroditismo ni es verdadero, y lo cual se explica en una publicación anterior) y convenciéndolos de llevarse el paquete de cirugías para “prepararme para la vida” bajo el invencible argumento de que “era en mi mejor interés y para prevenir un posible cáncer”.

No voy a mentir: es cierto que existe una incidencia del 3% de cáncer (gonadoblastomas) en el tejido ovotesticular. Es cierto que al oír “cáncer”, la gente salta por un muy racional miedo a la muerte. ¿Quién quiere un cáncer para un recién nacido? Lo cierto es que, dada la muy baja incidencia de gonadoblastomas en tejido ovotesticular, la decisión de intervenir a una criatura de semanas de nacida necesita ser repensada. Ahora, mi caso es raro incluso entre las personas intersexuales. Entonces, ¿qué necesidad existe de llevar a la plancha quirúrgica a un bebé intersexual?

Quizá extirparme las gónadas fue una decisión acertada. Quizá yo habría optado por ese camino para mí misma. Quizá no. Pero el resto de cirugías y tratamientos a los que fui sometida después, eso sí fue totalmente innecesario. La opción me fue arrebatada. Desde luego, los médicos no informaron a mis padres, porque su protocolo les indicaba que lidiaban con una patología. Nada más falso…

El aspecto que intento destacar es que es necesario que los padres de bebés intersexuales combatan al miedo que conlleva la creencia de que los rasgos innatos intersexuales representan una amenaza intrínseca a la salud del bebé. Si bien es cierto que algunos tratamientos pueden ser recomendables y que debe dársele seguimiento a la salud del bebé durante su desarrollo, invadir el cuerpo a través de una cirugía de consecuencias irreversibles (esterilidad, incontinencia, insensibilidad sexual, incluso depresión por mencionar algunas) no debe ser la primera opción, salvo por las muy contadas excepciones donde hay una amenaza real a la salud del bebé.

De la misma forma, es crucial que con el curso de los años, esx niñx intersexual vaya siendo informadx de su condición innata y se le incluya en la toma de decisiones sobre su propio cuerpo, respondiendo sus dudas e inquietudes. Para ello, es indispensable que los padres busquen información y apoyo en verdaderos expertos, en personas que hayan atravesado experiencias similares, y que acepten la belleza manifestada en la diversidad de su bebé. La diferencia, sutil pero muy relevante, es que esx niñx vaya de poco a poco cobrando consciencia de su cuerpo como es, aceptándolo, amándolo, y creciendo así plenamente como ser humano.

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