Silenciosa mayoría, ¿casos de éxito?

Uno de los mitos prevalecientes en la comunidad médica en torno a las personas intersexuales es que quienes alzamos la voz o presentamos nuestros testimonios de vida como una denuncia tácita de lo que en la realidad se trata de violaciones a nuestros derechos humanos (consultar El Informe del Relator Especial), somos solo una minoría resentida frente a una silenciosa mayoría de casos exitosos en el “tratamiento de los desórdenes de desarrollo sexual” (DSD, por sus siglas en inglés, término acuñado hace relativamente poco, en 2006, y que sólo es utilizado en la literatura médica. La comunidad intersex rechaza categóricamente este término por una cuestión más que lógica: la palabra “desórdenes” sugiere que la intersexualidad es un tipo de patología o defecto congénito, lo cual, como no nos cansaremos de repetir, es una concepción equivocada).

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Yo tengo la nada original hipótesis de que esa mayoría silenciosa no habla porque el miedo la acalla (para un ejemplo, está el testimonio de Kimberly Zieselman, traducido al español y publicado en Brújula Intersexual). Es una suposición bastante válida por una simple razón: el estigma que pende sobre las personas intersex es demasiado grande, y existe un momento y un punto dados donde, desde la óptica de quien ha interiorizado el sufrimiento, es muy preferible callarse y vivir una vida modesta, a ser denostado por amigos y familia.

Pero llega el momento en que ese silencio es absolutamente insoportable.

Pido disculpas por lo que voy a hacer, pero tengo que escribirlo: yo soy un “caso de éxito”. Soy una persona que después de las cirugías y el tratamiento hormonal llevé una vida funcional y aparentemente satisfactoria, claro está, soportada en la ignorancia de mi propia condición intersex, y en haber descontinuado el seguimiento que tuve hasta los quince años (en eso mi historia se parece algo a la de Kimberly). Aquí podría señalar cómplices y culpables, pero la fase del dedo acusador la dejé atrás hace tiempo, y hoy tengo la responsabilidad de ser lo objetiva que mi historia personal y mi mirada subjetiva me permitan. Pero ese es un tema para otro momento…

En fin, que este “caso de éxito” tardó treinta años en cobrar consciencia plena (o comenzar el viaje hacia ese despertar), y el hundimiento de mi estabilidad emocional, fundada en falacias, trajo consigo el derrumbe de mi “feliz” vida personal y de mi “exitosa” carrera profesional. Me tomó bastante tiempo (más del que creí) para volver a ponerme de pie (figurativamente, pero también literal, porque atravesé la peor depresión clínica de una vida llena de periodos complejos), y comenzar a comprender que, gracias a la verdad que trajo el redescubrimiento de mi historia, y a la paulatina reconciliación conmigo misma y con mi familia (y no menos importante, a la aceptación de mi condición intersex), por fin pude poner manos a la obra para hacer una realidad este proyecto y echar abajo el mito de los “casos de éxito”.

Ojalá esas voces que callan ahora pronto se animen a alzarse. Ojalá que pronto nuestra comunidad se fortalezca y enriquezca con sus historias y sus ideas.

Ese es uno de los principales objetivos de este blog.

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